Hoy en este plantón de octubre, el Cofadeh hace suyas las conclusiones de la Comisión de Verdad contenidas en su informe presentado el pasado 3 de octubre en Tegucigolpe:
El reconocimiento de la verdad, el juicio y castigo de los responsables del golpe de Estado y de las graves violaciones derivadas, y la reparación integral de las víctimas, son el camino para poder avanzar hacia la plena vigencia de todos los derechos humanos. Sin verdad ni justicia ninguna reconciliación es posible.
El golpe de Estado de 2009 en si mismo constituye una grave violación del orden institucional establecido, de la soberanía del pueblo hondureño y de sus derechos a la auto-determinación y a la democracia.
El golpe continúa en el presente a través de una práctica sistemática de acciones y omisiones delictivas que representan además la transgresión de derechos humanos y libertades fundamentales cuya defensa y protección debe ser prioridad de todo Estado. Se verifica la perpetración de crímenes de lesa humanidad.
Las actuaciones irregulares atribuidas a la policía y al ejército, durante los regímenes de Roberto Micheletti Baín y de Porfirio Lobo, fueron y siguen siendo parte de una política de Estado que abarca además las operaciones de grupos privados que funcionan con procedimientos y metodologías de los escuadrones de la muerte.
La base de datos organizada con 1966 testimonios, de los cuales se derivan 5,418 violaciones a los derechos humanos, comprueba la existencia de patrones de violaciones que se reproducen sistemáticamente: la aplicación de medidas represivas de manera generalizada y selectiva - contra actores claves, líderes y lideresas opositores al golpe- , y la instrumentalización de la justicia para producir impunidad.
Las violaciones a derechos civiles y políticos son invisibilizadas con la escalada también sistemática y grave contra los derechos humanos económicos, sociales y culturales, de derechos ambientales y territoriales de las poblaciones originarias y garífunas, así como el derecho de la población a informar y a ser informado, y el derecho mismo a la democracia.
El incumplimiento de parte del Estado de las obligaciones a reconocer sus responsabilidades en relación con las violaciones y de llevar a juicio y castigo a los responsables de las mismas genera impunidad, beneficiando a los violadores de períodos anteriores y propiciando así la repetición de este tipo de hechos y nuevas formas de violaciones en el presente y futuro.
Es imperiosa la necesidad de lograr transformaciones estructurales a través de las cuales el pueblo asuma el control de su propio destino, encarando y revirtiendo, entre otros, la concentración de poder y riqueza, el saqueo y la explotación, que continúan consolidándose bajo el imperio de estas políticas de violación e impunidad.
El peligro que amenaza al pueblo de Honduras no puede ser desasociado de las estrategias desplegadas desde el poder hegemónico que ejerce los Estados Unidos de América y de la actuación de otros poderes fácticos en toda la región, a fin de mantener su histórico control sobre los destinos y los bienes de los pueblos y la naturaleza.
Las leyes y acuerdos adoptados a partir del golpe de Estado, que profundizan en forma alarmante la presencia en Honduras de fuerzas económicas, militares y de seguridad extranjeras, especialmente de los Estados Unidos de América, consolidan su intervención y tutela históricas sobre las políticas e instituciones estatales. Por tanto, deben ser cerradas las bases militares extranjeras en el país y finalizados los acuerdos militares y de seguridad que continúan firmándose actualmente.
La reserva de enorme fortaleza y esperanza que tiene el pueblo hondureño, integrada entre otros por las miles de personas que superando el silencio y el olvido, la negación, el miedo, el abuso y la revictimización de lo cual siguen siendo objeto, han tenido el coraje de denunciar los graves delitos y violaciones de que han sido víctimas. Y es este un activo incalculable.
Son ellos, mujeres y hombres, jóvenes y adultos, los verdaderos sujetos de la esperanza de lograr justicia.
NI OLVIDO NI PERDÓN
COFADEH
5 de octubre de 2012









