Tegucigalpa.
La concentración de la tierra en manos de empresas transnacionales y de monocultivos que ponen en precario la alimentación de millones de personas en Honduras, impulsa la criminalización de la lucha por la tierra, ha dejado un saldo de más de 75 personas asesinadas, mientras el Estado se mantiene en una actitud de complicidad, según lo denunciaron este día en una multitudinaria movilización esta tarde del miércoles 31 de octubre, donde agitaron sus sombreros para demostrar que el pueblo es más que los pocos que se reparten la riqueza a montones.
Señalaron además que este régimen a través del Congreso Nacional le cierra el paso a una propuesta de Ley de Transformación agraria que aunque fue presentada el año pasado está engavetada.
Por la mañana los hombres y mujeres del campo participaron en el Foro “Crisis Agraria y Alimentaria”, donde debatieron sobre temas como Criminalización de la Lucha Campesina y los elementos de una agenda agraria en el marco de la Crisis Agraria y Alimentaria.
Participaron unas 32 organizaciones del movimiento campesino hondureño, la Alianza Soberanía Alimentaria y Reforma Agraria, la Campaña Vamos al Grano y la Vía Campesina de Honduras.
Posteriormente al filo de las dos de la tarde salieron a recorrer las calles de la capital hasta llegar al parlamento hondureño, donde se ubicaron en los bajos del mismo con una feria de productos producidos en el campo para concientizar sobre la urgente necesidad de resolver la problemática alimentaria-agraria.
Rafael Alegría, Coordinador de Vía Campesina señaló que hay una pobreza extrema del 58 por ciento y el 70 por ciento de pobreza, “eso quiere decir que no comen los tres tiempos de comida y el 55 por ciento de la población es rural, la desigualdad se está concentrando en el campo, por eso hay que salvar al campo, por eso esta manifestación para llamar la atención y exigir del Estado y a la sociedad para que apoyen la lucha campesina”.
Destacó que ya han asesinado a más de 75 campesinos, además de su apoderado legal el abogado Antonio Trejo, “ y a mí me tienen amenazado que me van a matar y a otros compañeros del Bajo Aguán, pero esta lucha no la van a parar asesinado a dirigentes , creo que deberíamos ir a una mesa de diálogo para resolver la problemática que hay en el país por la vía civilizada y cívica, no por la la vía de los tiros , ojalá que esta movilización campesina sensibilice al Estado y que haya un gran diálogo nacional sobre los temas agrarios”.
En relación a ese panorama de violencia dijo que hay en el país una oligarquía violenta que tiene todo a su favor, los tribunales, la Fiscalía, la policía y cuerpos armados, lo que es peligroso, pero advirtió que a pesar de esas adversidades están dispuestos a seguir esta lucha, la cual es acompañada por la solidaridad de los diferentes sectores de la sociedad hondureña.
Por su parte Jhony Rivas, dirigente del Movimiento Unificado Campesino del Aguán, MUCA, expresó que uno de los objetivos de la movilización era compartir con el movimiento campesino hondureño el déficit en tema de producción, igual la necesidad de que se apruebe un nuevo pacto cívico para que el campesino pueda tener acceso a tierra y así poder elevar los niveles de producción.
“Hoy en Honduras según la FAO tenemos 52 municipios donde hay una enorme crisis alimentaria, según ese mismo organismo unos 15 niños mueren diariamente por falta de alimentaciones en diversos lugares entre ellos muy cerca de la capital como es la Montaña de La Flor “, destacó.
El Congreso Nacional tiene que entender que hay una enorme necesidad que se distribuya de forma equitativa el recurso tierra, lamentamos que este Congreso responda a intereses de grandes transnacionales y no a las necesidades del pueblo, manifestó.
Informó que en el país tenemos alrededor de 10 millones de hectáreas de tierras de vocación agrícola pero estas se encuentran concentradas en grandes transnacionales y corporaciones que se dedican a los monocultivos como la palma, la caña de azúcar, las piñas y el banano, esto solo satisface a la economía de estas empresas pero no contribuye a la alimentación de este pueblo.
“Pero este gobierno no muestra posibilidades de que podamos avanzar en este proceso , el 11 de octubre de 2011 nos hicimos presentes aquí también para presentar una propuesta de transformación agraria pero esta ha sido engavetada, no ha habido respuesta y yo creo de que la esperanza está viva, la lucha sigue permanente , sabemos que hay un sistema de represión desde el Gobierno, la Corte Suprema de Justicia con 3 mil 51 compañeros procesados en los tribunales de justicia y que la misma la misma Constitución que este grupo de poder defiende manda que debe desarrollarse un verdadero proceso de reforma agraria en armonía con los demás sectores productivos, pero si tenemos todos esos compañeros procesados significa de que no hay paz, no hay tranquilidad ni justicia en el campo”.
A la par, agregó que este gobierno debe analizar muy seria y responsablemente esta crisis alimentaria que estamos viviendo donde no puede ocultarse que hay importación de productos básicos entre ellos el arroz con más de 400 mil toneladas y teniendo enormes extensiones de tierra concentrada en pocas manos.
La movilización fue acuerpada por miles de mujeres de diferentes edades que portaban sombreros en sus cabezas, entre ellas estaba la dirigente campesina María Pérez de la Unión Campesina Indígena, UCIH, que señaló que llegaron desde Choluteca, Cortés Santa Bárbara, La Esperanza, y otros lugares del Occidente y Oriente de Honduras.
“Estamos exigiendo que se nos apruebe la Ley de Transformación Agraria que está engavetada en el Congreso Nacional y la necesitamos que se apruebe, pero depende de la voluntad política en el Parlamente, sabemos que no tienen interés por el campo y es urgente para desarrollarnos”, concluyó.
Hubo tiempo también para corear consignas contra la represión, la criminalización de la lucha por la tierra y canciones populares.
Participaron diversas organizaciones campesinas, así como el Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, COPINH, la OFRANEH, entre otras.
Las actividades que se realizaron en los bajos del Congreso Nacional eran vigiladas muy de cerca por un contingente militar apostado en ese lugar.









