42 años después, la memoria de la columna de 1983 sigue exigiendo justicia

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Tegucigalpa.- Hace 42 años, en julio de 1983, un grupo de aproximadamente un centenar de combatientes cruzó la frontera entre Nicaragua y Honduras, internándose en las montañas de Olancho.

Era la llamada columna guerrillera de las Fuerzas Armadas del Pueblo (FAP), compuesta por 96 milicianos divididos en cuatro pelotones y sus unidades de apoyo.

La comandancia estaba a cargo del médico y profesor José María Reyes Mata, conocido como comandante Pablo Mendoza. Lo acompañaba el sacerdote jesuita James Francis Carney, “Padre Guadalupe”, como capellán espiritual de la columna.

Entre los integrantes destacaban el nicaragüense David Arturo Báez Cruz, alias comandante Adolfo, un exboina verde del ejército estadounidense, y Ana Guadalupe Berríos, una de las pocas mujeres que formó parte de la expedición.

El ingreso y el acecho militar

Desde el momento en que cruzaron el territorio hondureño, la columna fue objeto de una intensa persecución por parte del Ejército de Honduras.

La operación contó con apoyo directo de aparatos militares y de inteligencia de Estados Unidos, que desplegaron tropas terrestres y helicópteros UH-60 Blackhawk del Batallón de Aviación 101 de Fort Campbell, Kentucky.

Los combatientes fueron detectados y emboscados en diferentes puntos de la montaña. La mayoría pereció en los enfrentamientos o fue capturada y posteriormente desaparecida. Tanto Reyes Mata como el Padre Guadalupe Carney fueron ejecutados por militares hondureños, aunque sus cuerpos nunca fueron entregados a sus familiares.

La Operación Patuca y la confirmación estadounidense

El 20 de septiembre de 1983, oficiales de Estados Unidos vinculados a la llamada “Operación Patuca” reconocieron en declaraciones al noticiero CBS que los Blackhawk habían sido utilizados para transportar tropas hondureñas hacia la zona de combate y para realizar vuelos de reconocimiento.

Ese mismo mes, las Fuerzas Armadas de Honduras (FF.AA.) publicaron en los medios de comunicación impresos fotografías de los restos de José María Reyes Mata y del Padre Guadalupe, asegurando que habían muerto en combate junto a otros siete guerrilleros.

Las imágenes impactaron a la opinión pública y marcaron el inicio de una narrativa oficial que nunca fue esclarecida judicialmente.

Los años de la desaparición forzada

El caso de la columna guerrillera se inscribe en un período de dura represión en Honduras durante la década de 1980.

Según un informe del Comisionado Nacional de Derechos Humanos (CONADEH), 184 militantes de izquierda fueron desaparecidos en el país en esos años, en operaciones donde actuaron escuadrones de la muerte organizados con apoyo de la CIA.

Las familias de los desaparecidos nunca recibieron respuesta. Las ejecuciones extrajudiciales y la represión sistemática contra opositores políticos siguen siendo, hasta hoy, una herida abierta en la historia reciente del país.

Memoria y resistencia

Cuatro décadas después, organizaciones de derechos humanos y movimientos sociales continúan conmemorando la memoria de la columna de 1983.

Cada acto recuerda no solo el sacrificio de sus integrantes, sino también la exigencia de verdad, justicia y reparación para las víctimas de desaparición forzada.

El legado de Reyes Mata, del Padre Guadalupe y de quienes los acompañaron en aquella expedición guerrillera permanece como símbolo de lucha y como testimonio de un capítulo doloroso que Honduras aún no ha cerrado.