Amarateca.- Más de 30 personas del colectivo de trabajadores del Instituto Nacional de Formación Profesional (INFOP), miembros del Partido Libertad y Refundación (Libre), realizaron una visita al Museo Contra el Olvido, un espacio de memoria que fue en su momento un centro clandestino de detención, tortura y muerte durante la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional en Honduras.
La actividad fue guiada por la coordinadora general del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), Berta Oliva, junto con personal del Comité, quienes acompañaron a las y los visitantes en un recorrido por los pasillos de la memoria, donde se revive el horror vivido por cientos de personas en la década de los años 80.
Durante la visita, se compartió información clave sobre cómo se aplicó en Honduras la Doctrina de Seguridad Nacional, una estrategia que permitió la impunidad total de las Fuerzas Armadas sobre la ley y el sistema judicial. A partir de 1981, se instauró una práctica sistemática de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y torturas.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos diseñó manuales de entrenamiento usados en la región, y en Honduras se convirtieron en mecanismos de represión.
Las personas sobrevivientes han relatado la brutalidad de su detención, describiendo lugares específicos donde fueron vendadas, desnudadas, golpeadas y sometidas a métodos de tortura física y psicológica extrema.
Los torturadores controlaban todo el entorno, usando electricidad, capuchas impregnadas de cal, golpes constantes y aislamiento prolongado.
Además, las víctimas fueron sometidas a agresiones sexuales, amenazas a sus familias, privación de alimento, agua y sueño. Estas tácticas fueron diseñadas para desorientar y destruir la voluntad, como parte de un entrenamiento impartido por la CIA. Se incluían también simulacros de fusilamiento, encierros en espacios mínimos, privación sensorial y métodos crueles que dejaron secuelas severas.
Los sobrevivientes, incluso décadas después, siguen enfrentando traumas graves: desde parálisis del sueño hasta trastornos de estrés postraumático. Las marcas físicas y psicológicas son testimonio vivo de lo que ocurrió y de la necesidad de justicia.
Este encuentro en el museo representó una jornada de memoria activa, donde las y los trabajadores del INFOP reafirmaron su compromiso con los derechos humanos, la verdad y la lucha contra el olvido.


























