Para nadie es un secreto que las asociaciones civiles, incluidas las iglesias con personería jurídica o sin ella, están participando como parlantes de la estrategia electoral de liberales y nacionalistas.
Es una estrategia contra el partido libertad y refundación, y sus principales figuras de la coordinación nacional y de la candidatura presidencial de Honduras.
Se observan dos razones principales por las cuales los cristianos católicos y evangélicos saltaron de los púlpitos a los medios y a las calles. La primera y la principal son sus negocios.
Innumerables pastores y curas han recibido cheques de fondos públicos para supuestas obras que no son auditadas ni por la prensa ni por los órganos contralores del Estado. Y esos señores necesitan esos cheques.
La segunda razón es política meramente, atienden las iglesias una estrategia de mafias internacionales incluida la CIA para contener el avance del socialismo democrático en Honduras mediante la manipulación religiosa.
El clero católico hondureño es azul. La ex sotana fuerte de la Conferencia de Obispos, Oscar Andrés Rodríguez, pertenece a una familia ciega al servicio del nacionalismo y su sucesor español es antigubernamental, habla como político franquista, de derecha.
El clero evangélico es familia sanguínea, política y financiera del partido nacional, desde los Reyes del Celaque hasta los Irías y Santos del infierno, que no creen en el poder de los empobrecidos y quieren volver a co-gobernar el presupuesto nacional con dios y con el diablo.
La campaña de Nasralla y de Asfura por la presidencia está debilitada por sus propias fragilidades éticas y jurídicas, pero también por su pobreza emocional, mental y política.
Es una campaña debilucha que pone en riesgo a la oligarquía pichicata y ladrona, que sufre la vergüenza de un candidato corrupto disfrazado de manos limpias y un señor que debe firmar cada semana un libro judicial para gozar de libertad condicional.
Por eso andan las iglesias en las calles tomando la temperatura a las antorchas de clase media y testeando el enojo de la gente para esconder el dólar, frenar el suministro de los combustibles y desaparecer el papel higiénico.
Este ejército de camisetas blancas, igual que lo hizo en 2009, sigue la consigna de instalar en el cerebro colectivo un voto en contra de y no a favor de. En contra de Rixi, en contra de Manuel Zelaya y en contra de quien sea que proponga el Estado social para los menos favorecidos de la riqueza nacional.
Es la misma estrategia que se observa en Bolivia, por ejemplo, donde los electores convocados el 17 de este mes afilan el relato de tirar fuera al MAS, porque es mejor regresar con Tuto el blanco que continuar con Evo el indio a través de Andrónico.
Dicho lo anterior, obsérvese que las calistenias de marchas previas al sábado 16 de agosto en Honduras no tienen por objeto orar por la paz, la fe y la esperanza, sino levantar un discurso envenenado contra la continuidad del proyecto político de LIBRE.
Es una marcha contra Libre por más que intenten zafarse de ese propósito.
Al inicio el pretexto de marchar era la tensión en el CNE que ponía en riesgo las elecciones según ellos, ahora es un diálogo político por Honduras el que hace falta, pero ello realmente esconde la intención de vender miedo e incertidumbre previo al 30.
El proyecto político de Libre plantea una reforma judicial a fondo, que impida la resolución de juicios en oficinas bancarias o en la embajada de Estados Unidos, y una democratización financiera de la economía hondureña que equipare la carga impositiva de los más ricos.
Las elites árabes y judías en Honduras, controladoras de la energía, las telecomunicaciones, los monocultivos agrícolas, las concesiones, las fábricas industriales, los medicamentos y el transporte, entre otros, están dispuestas a todo para retomar el control del Estado.
El poder intimidante de esos actores fácticos sobre el proceso electoral, la impartición de justicia y la administración de los bienes de la Naturaleza, ha producido actos criminales desde amenazas de muerte, persecuciones y hasta asesinatos.
La empresa Pinales, por ejemplo, está cuestionada directamente por el crimen de Juan López, y el Grupo Atala es buscado por el crimen de Bertha Cáceres. Ambos activistas enfrentaron a las 10 familias y sus 25 tentáculos que acechan hoy a la consejera Ana Paola Hall desde el partido liberal dirigido por locos.
Sin importarles los crímenes impunes, muy probablemente el financiamiento de la marcha cristiana viene de las 10 familias, instrumentalizando vulgarmente al pastor nacionalista Gerardo Irías y al nacionalista español Vicente Nácher.
Afortunadamente ha ido creciendo la conciencia sobre la estrategia malévola de los publicistas nacionales y extranjeros que empujan a los blanquitos del 16, prueba de ello es que más de 1600 iglesias de las Asambleas de Dios en el centro del país y la diócesis católica de Occidente han dicho que NO participarán en un acto cuyos fines y orientaciones son partidarios.
En el comunicado público de las Asambleas de Dios se define la neutralidad política de la iglesia lejos de la propaganda política y centrada en la oración, el ayuno y la intercesión por las autoridades y la nación.
En conclusión, la marcha se producirá porque esa es la decisión de los equipos de campaña. Pero las consecuencias éticas serán duras para las iglesias convocantes que van como pomponeras de un bipartidismo decadente, arrastradas por el vetusto moribundo, enjuiciado y condenado en cortes federales de Estados Unidos. Buenas noches.


























