Los familiares de las víctimas de la doctrina de seguridad nacional no podemos permanecer indiferentes ante los escenarios internacionales de violencias estatales.
En el territorio de Gaza se ejecuta el más atroz de los genocidios de los últimos tiempos después de la segunda guerra mundial. Tierra arrasada, tribus autóctonas de palestinos obligadas a deambular en su propio territorio, esperando que se cansen o se mueran.
Con estupor de víctimas hemos visto el asesinato de centenares de periodistas, médicos, enfermeras, personal de Naciones Unidas, niñas, niños y mujeres principalmente, ya la cifra llega cerca de un millón de vícitimas.
Los culpables, Estados Unidos, Israel y la OTAN que proveen armas sin escrúpulos a los genocidas, que pretenden sin embargo presentarse como adalides de la paz.
El Comité Nobel en Oslo estuvo a unos milímetros de considerar a Donald Trump y Benjamín Netanyahu como depositarios del premio nacional de paz 2025 precisamente por hacer la guerra, igual que Obama en octubre de 2009, cuatro meses después de ordenar el golpe de Estado contra el pueblo de Honduras.
Nosotras recordamos particularmente otro Nobel de la Paz, el otorgado a Henrry Kissinger en 1973, precisamente al político sin escrúpulos que vendía hábilmente la brutalidad estadounidense en Vietnam donde murieron casi 3 millones y medio de personas.
En Honduras ese Nobel es recordado con desprecio por las víctimas de la ocupación militar del Pentágono para atacar los procesos insurreccionales de Guatemala, El Salvador y Nicaragua, usándonos como base de agresión.
Kissinger proponía a Reagan en 1982 que para asegurar las operaciones de muerte en Centroamérica y evitar cualquier foco de resistencia insurreccional interna, de una convirtiera a Honduras en un anexo de Estados Unidos, fuera un protectorado o un Estado Libre Asociado.
No necesitaron hacer aquello porque la élite económica corrupta, sus iglesias y sus partidos liberal y nacional, dieron todo por unas migajas personales y unos privilegios de grupo que hasta hoy representan una costra hedionda en la cara de este país.
La utilización de Honduras como base de agresión regional, así como ocurre en este momento en Puerto Rico, Grenada y Guyana contra Colombia y Venezuela, deja saldos trágicos a los pueblos.
Nuestra organización sobreviviente de aquella mascarada contra el comunismo internacional y a favor de la democracia, como se decía en el discurso farsante, da testimonio de más de 200 asesinatos políticos y más de 180 personas desaparecidas hasta nuestros días fruto de la ocupación. Y damos testimonios que aquella invasión militar fue implantada para traficar drogas por Honduras y canjear cocaína por armas y viceversa.
Ahora que Estados Unidos concede el Premio Nobel de la Paz a la venezolana María Corina Machado a través del Comité Noruego, a instancias del secretario de Estado Marco Rubio y su club republicano, vemos claramente la operación política contra Sur América.
El objetivo de la movilización militar estadounidense sobre el Caribe Sur es asegurar las operaciones del narcotráfico a través del Pacífico y usar como pretexto ese discurso para tomar por la fuerza las reservas de combustibles fósiles en el territorio de la Gran Colombia de Bolívar.
El papel de la señora Machado será tristemente el de una figura manipulada por el lobby de Washington para vender una transición del liderazgo político chavista que resiste política y militarmente la embestida hasta ahora.
La designación de la señora ha dejado en el mundo una sensación de agua fría, porque sin escrúpulos las derechas fascistas la venden como heroína sabiendo que la contribución a la paz que ha hecho es incitar a la guerra, a la invasión militar de su propio pueblo.
Ante el estupor del mundo y ante su desdén ensordecedor, los impulsores de Corina han tenido que salir ellos mismos a empujar una campaña de lisonjas con declaraciones, comunicados y mensajes zalameros.
En Honduras la campaña le escribió los mensajes en redes a Asfura Zablah y Nasralla Salum, súbditos de María Elvira Salazar, quien publicó el texto de la proposición republicana a favor de la opositora clandestina venezolana, hasta las firmas incluyó para no dejar dudas de quien empujó ese Nobel de la guerra.
Del lado de la humanidad consciente, la presidenta de México simplemente dijo “sin comentarios”, Adolfo Pérez Esquivel fue seco. “Ella no trabaja por la paz”. Y el ex presidente de Honduras fue punzante y directo.
“El Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado es una afrenta a la historia y a los pueblos que luchan por su soberanía. Premiar a una golpista, aliada de las élites financieras y de los intereses extranjeros, es convertir el símbolo de la paz en un instrumento del colonialismo moderno. Nunca hay paz cuando se premia a quienes promueven sanciones, bloqueos y guerras económicas contra su propio pueblo. #NobelDeLaHipocresía o #PazConSoberanía?”.
Ante esta operación de guerra disfrazada de falsa paz que dirigen los trumpistas extremos desde Washington, el llamado de la valiente Cuba ha sido al alistamiento de América Latina frente al polvorín que quieren armar en Suramérica para tener su propio oriente medio o su franja de Gaza en nuestro territorio.
Los pueblos, al final de cuentas, son los que deciden su destino. Pero como siempre son otros pueblos los que terminan ayudando a que esos destinos se concreten en colectivo. El presidente Gustavo Petro, de Colombia, ya autorizó a su ejército que si Estados Unidos ataca el territorio venezolano, de inmediato la reacción será en apoyo al vecindario.
Bueno, nuestro deseo es que se detengan porque si crean otro Vietnam en el Magdalena, el Amazonas y el Orinoco, van a despertar en su propio territorio eso que ya se ve venir entre pueblos negros, hispanos y orientales contra la Guardia Nacional enviada desde Washington para perseguir migrantes simulando que persiguen delincuentes.
Reflexión y acción como decía Pablo Freire. Con su permiso.


























