Como si fuera el papá de Netanyahu lo regañó por bufón en la guerra de los 12 días; simulando ser el gran jefe del Ayatolá le avisó que lanzaría seis bombas King sobre la instalación atómica de Fordow y 24 cañonazos Tomahawk sobre Isfahán y Natanz.
Donald Trump exige el Nobel de la Paz por hacer la guerra y se burla de los europeos por desagradables, aunque el zalamero jefe de la OTAN le llame papi.
En Centroamérica Trump se muestra polí, como llaman los franceses a la diplomacia suave de Cristi Noen, quien llegó a Honduras en la víspera del aniversario del golpe de Estado, que planificó y ejecutó el Pentágono junto a los demócratas.
Amable, pero imponiendo biometría y un examen riguroso a los migrantes en tránsito para informar sobre sus movimientos. Amable pero sin resolver el TPS y tampoco el nuevo impuesto a las remesas en la maravillosa y horrible ley que espera Trump su aprobación antes del 4 de julio.
Sin embargo, el colmo de la política exterior del poder profundo gringo, a través de los trumpistas rencorosos anticubanos, fue protagonizado ayer por el subsecretario de Estado, Christopher Landau, quien amenazó a los asambleístas de la OEA reunidos en Antigua y Barbuda si no condenaban a Venezuela y si no elegían a Rosa María Payá, activista cubana residente en Miami.
Lejos del concierto de aniversario del golpe en la villa Olímpica y de la movilización de este día en Tegucigalpa, la abogada Reina Rivera vivió en carne propia en Antigua la exclusión de su candidatura a la CIDH durante las tres rondas de votaciones controladas por países hegemónicos que además del dinero controlan el lobby.
Lo que sigue ha sido escrito por la abogada hondureña, quien aspiraba a una plaza dentro de la Comisión Interamericana de derechos Humanos (CIDH), con sede en Washington.
Citamos: “ Desde el pasado jueves 26 de junio, en la Asamblea General de la OEA en Antigua y Barbuda, fui testigo del peso de la geopolítica sobre los organismos multilaterales, que deberían estar guiados por principios, no por amenazas.
Ese día, dice Reina Rivera, el vicesecretario de Estado de EE.UU., Christopher Landau, segundo de Marco Rubio, tomó la palabra y lo dijo con voz fuerte y clara:
– “La amistad es una calle de doble sentido” . “No estoy seguro de que podamos seguir en esta organización ”. Y afirmó que EE.UU. Tenía una excelente candidata ante la CIDH y esperaba que fuese electa. También exigió que la OEA se comprometiera a «rescatar la democracia en Venezuela».
Landau defendió la candidatura de Rosa María Payá, activista cubana residente en Miami. Para entonces, circulaba que no contaba con los votos necesarios para ser elegida a la CIDH. Minutos después de su discurso, presenciamos reuniones bilaterales país por país, especialmente con los Estados del Caribe. Ayer, finalmente, ella fue elegida.
Entre bastidores, se sabía que Estados Unidos amenazó con retirar por completo su contribución al presupuesto de la OEA para 2026, lo que representa cerca del 50% del total.
Y así, con la fuerza de la presión y la diplomacia de alto voltaje, se torcieron votos de países que habían expresado respaldo, ya sea a Honduras oa candidaturas comprometidas con los derechos humanos, como las de Colombia, México y Brasil.
Ahora, Brasil y México quedan disputándose un cupo aún pendiente en la CIDH, tras una votación histórica en la que nadie logró la mayoría necesaria. Mientras tanto, varios países gobernados por fuerzas ultraconservadoras se dieron el lujo de votar en blanco o anular su voto. Estaban de fiesta al ver cómo los países progresistas no lograban mayorías ni avanzar con candidaturas que buscan promover estándares internacionales de derechos humanos para lo esencial: proteger y defender la dignidad de todas las personas, sin discriminación.
Honduras no fue electa. Pero obtuvimos votos dignos: Brasil, Colombia, Uruguay que se mantuvieron firmes con la presidenta Xiomara Castro y mi candidatura, con respeto, coherencia y sentido de justicia.
Este no es un mensaje de tristeza personal. Es un llamado de atención política. Porque en el sistema interamericano hay reglas, sí, pero también grados de poder.
Y cuando un país como Honduras —sin poder geopolítico ni recursos para negociar votos— presenta una candidatura, compite en desventaja, incluso frente a Estados que ni siquiera han ratificado la Convención Americana sobre Derechos Humanos, como es el caso de Estados Unidos.
Centroamérica ha estado históricamente subrepresentada en estos espacios. Y fue especialmente lamentable constatar que ningún país del SICA —ni Belice, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, ni Panamá— votó por Honduras.
Ni uno solo.
Mientras sigamos divididos como subregión, será difícil romper ese ciclo de exclusión. Pareciera que, en lugar de superar nuestra subrepresentación histórica, seguimos optando por el rol de colonizados, más dispuestos a respaldar al colonizador que a fortalecer una voz propia.
Esta elección también nos evidencia otra triste realidad: el abandono de la integración centroamericana. Se confirma que, más allá de los discursos, no existe una visión común que defienda a la región como bloque ni en lo político ni en lo multilateral. Y esa fragmentación nos debilita a todos, pues quienes aspiramos desde el sur global muchas veces solo podemos observar cómo se reparten las piezas.
Ayer fue un día triste para la autonomía del sistema interamericano de derechos humanos. Porque vimos cómo las tensiones geopolíticas globales se trasladan, sin pudor, a organismos que deben estar al servicio de los pueblos, no al servicio de los más poderosos.
Honduras tuvo un acto valiente. Se presentó con integridad y sin dobleces, con la dignidad de quien cree que los pueblos del sur también tienen derecho a ocupar los espacios donde se deciden sus propios destinos.
Y, a título personal, cuando una mujer levanta la voz por la justicia, aunque no gane un escaño, gana historia » . Fin de la cita. Por Reina Rivera Joya, candidata por Honduras ante la CIDH. 28 de junio de 2025.
Comprendemos la profundidad de este testimonio de Reina y el contexto político en el cual se produce. Le Entregamos un abrazo solidario y le decimos que a eso le queda solamente tres años y medio, máximo. Luego la historia reinicia para nosotros y para ellos parecería estar terminando. La política del garrote y la zanahoria, del papá bonachón, no ha sumado victorias en estos últimos seis meses, al contrario, acumula derrotas morales, políticas, económicas y militares. buenas noches

























