El viaje que costó 636 dólares el día

“No he pensado irme otra vez, si lo hiciera fuera solo, pero tampoco quiero dejar al niño”.

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Por Sandra Rodríguez

Tegucigalpa, Honduras.- Hace algún tiempo él ya pensaba tomar la ruta migratoria hacia los Estados Unidos, pero cuando se dio la oportunidad, ya no estaba solo. A su cargo tenía un niño de cinco años, su hijo. Decidió que se irían juntos, desconociendo la suerte que les esperaba.

Era junio de 2022, aún con secuelas por la pandemia del Sar-covid-19, no había empleo y la economía nacional había decaído. En ese momento se decía que ir con niños y niñas hacía más probable cruzar la frontera entre México y EE. UU. Pero “en mi caso, yo tengo a mi cargo desde los dos años al niño (su hijo), somos muy apegados y no me iba a ir sin él”, dice el padre.

Se llama Carlos, un joven padre hondureño, quien dos semanas antes de iniciar el viaje se puso en contacto con el “coyote” (traficante de personas), quien le iba dando “tips” sobre el proceso a seguir, como el lugar de encuentro y el pago de la mitad del costo del viaje que ascendía a unos 3,500 dólares por persona (us$ 7,000.00 en total).

Entonces le comentó al niño sobre el plan que iban a emprender juntos, aunque el niño no comprendía del todo las palabras de su papá, sabía que pronto se irían a los Estados Unidos.

Fueron once días que duró el viaje por los que se invirtieron $7,000 dólares. Un costo por día de $636, lo cual resulta una inversión muy alta con poca posibilidad de rentabilidad.

¿Por el niño tenía que pagar lo mismo? –Sí, respondió Carlos. Entonces pagó $ 3,500.00 (tasa de cambio en ese tiempo 24 lempiras por un dólar) antes de salir de Honduras y los otros $ 3,500.00 (L 84,000.00) cuando estuvieran en poder de migración estadounidense.

Salida de Honduras y paso por Guatemala

El día indicado nos presentamos en la terminal de buses en Puerto Cortés, nos dieron comida, había un trato igualitario para los dos, recordó el papá, pero a él le tomaron una fotografía. En el viaje no estaban solos, iban más personas con quienes se identificaron en la frontera de Corinto y Puerto Barrios (Honduras y Guatemala).

En este viaje, iban dos niños y dos adolescentes, pero sólo su hijo iba acompañado, los otros tres estaban a cargo “del guía” (persona enviada por el coyote).

Había un niño de ocho años, la mamá lo mandó a traer, y se apegó a los dos adolescentes cercanos a los 17 años, ellos lo cuidaban.

“Yo siempre pensé en irme con el niño… pero en el camino sí me arrepentí, es difícil cruzar sin papeles”, expresó el papá. Aunque en Honduras sí había hablado con la mamá del niño, quien dio el consentimiento de salida, los cruces de las tres fronteras en ruta fueron por accesos no oficiales.

Entre Honduras y Guatemala, a las tres de la mañana rodearon un cerro, hasta abordar un cómodo e ilegal autobús que en un día los llevó hasta la frontera con México donde había bastantes personas esperando cruzar. Ahí atravesaron un río a bordo de canoas. “Da un poco de miedo cruzar el río a México, le suben muchas personas, como 25 en cada pasada”, relató.

“En mi grupo íbamos tres personas adultas a cargo de cuatro niños y una mujer embarazada”, detallando que era él y su hijo; una mamá con su niño; otra mujer y dos niños. Ellas huían de violencia doméstica, amenazas de pareja en prisión y violación sexual. Como hombre –su caso era diferente– mejorar la condición económica para su único hijo.

Ya en suelo mexicano, llegaron a un hospedaje cerca de la orilla del río para trasladarlos a otra casa donde supuestamente dormirían, “pero nos movieron porque la Policía los tenía chequeados”, agrega.

Nuevamente llegó el temor cuando iban amontonados en camionetas, unos sobre otros, niños, la mujer embarazada, mamás y él, dentro de cabinas, con los pies entumecidos, apenas si podían ponerse en píe cuando lograban detenerse. El niño iba al ras del asiento, guardaba la calma, tenía agua y comida en diferentes estaciones, sin embargo, se perdió el ritmo del tiempo.

“Estuvimos en Villa Hermosa, después no supe por dónde andábamos, teníamos que escondernos, era horrible”, dijo Carlos, quien trataba de cubrir a su hijo con una toalla. “Tenía miedo que la Policía nos detuviera y me mandara a otro lado o me separara del niño”.

Grupos criminales

Otro peligro, en esta travesía era caer en manos de los grupos delincuenciales a su paso por México. Y eso sucedió en dos ocasiones. Los traficantes de personas además de ir pagando sobornos a la Policía a lo largo del camino también tienen sus códigos de comunicación con carteles criminales.

En la primera ocasión “les dimos un código que nos habían facilitado antes, debíamos aprenderlo”, compartió Carlos, ahí los compararon con las fotografías que les tomaron en Honduras. También les dieron 100 pesos mexicanos por persona (200 pesos en su caso por el niño) que los usaron en Monterrey, donde fueron interceptados por el cartel de Los Zetas, en este punto, los identificaron a modo de saber si su coyote ya les había pagado el soborno correspondiente para el paso de migrantes indocumentados, la clave era el dinero.

“Llegamos al desierto (sin especificar el lugar) y nos tiraron más amontonados (aglutinados), fue horrible, el niño lloraba por lo amontonado. Nos llevaron a unas bodegas, nos revisaron los papeles, tomaron fotos a todos y nos pidieron los cien pesos, el lugar era muy sucio. No nos dieron comida. Ellos mismos nos movilizaron cerca del río”, afirmó Carlos. ¿Qué les dijo el Coyote cuando estaban en la frontera sur de los Estados Unidos? –“Al coyote ni siquiera lo conocí”, afirmó Carlos.

Al grupo de migrantes que pagan por el ilegal viaje, lo dirige un guía, en esta ocasión era un señor muy consciente y amable, según la descripción del padre en condición de movilidad.

“Cinco días bastaron para atravesar México. Carlos y su niño estaban a sólo una frontera más para llegar al estado de Texas, cuya extensión territorial es seis veces más grande que Honduras. Allí conoció gente que tenía meses varada y otras personas habían sido abandonados por los coyotes.

Los guías siempre enviaban vigías quienes alertaban sobre la presencia de policías, de no haberlos, los apuraban.

“En la frontera solo dormimos una noche, nos dieron pulseras codificadas y nos dividían en grupos para cruzar en balsa, eso es peor que en la frontera con Guatemala, la balsa estaba en malas condiciones”. Faltaba cruzar un barranco y eso era muy difícil, Carlos se quedó sin agua para tomar y el niño lloraba de sed, otro compañero de travesía le compartió de la suya.

Nuevamente el temor se apoderó de Carlos, pues no sabía qué había al otro lado, cuando avizoraron a unas personas. “No sabíamos si eran criminales o militares, nos preguntaron de qué país éramos y dijeron que teníamos que esperar que nos recogiera migración”, ya estaban en los Estados Unidos. El grupo creció, dijo Carlos, iban personas de México, Colombia, Cuba y Venezuela. Los niños y niñas migrantes no acompañados se apegaron a otras familias. Entonces los oficiales de Inmigración les pidieron documentos y caminaron por un arenal “al otro lado del río”- especificó Carlos- luego abordaron unos autobuses con celdas, pusieron candado y para su sorpresa “había una barbaridad de niños”.

Solo Dios con nosotros

Un informe del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), registra que entre 2019 y 2023 permanecieron más de 448,000 NNA al cuidado del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. siendo cifras más altas en 2021 y 2022 con más de 130,000 NNA. Pero también admitió desconocer el paradero de al menos 32,000 NNA que habían sido entregados a familiares o tutores en los EE.UU.

En este contexto, Carlos llegó indocumentado con su hijo, a los Estados Unidos. “Desde ahí dije ¡solo Dios con nosotros! porque no sabía qué nos iba a pasar”.

Entonces, los oficiales de inmigración procedieron a un registro físico y emocional con los NNA. Se aseguraron que no fueran golpeados, les preguntaron cómo se portaba el papá/mamá con ellos, destacando que el guía siempre fue muy cuidadoso con los NNA, las mujeres embarazadas y con papás que llevaban NNA. “Algunos NNA iban nerviosos, no respondían o se apegaban a los papás”, agregó Carlos.

Llanto y hambre

Cinco días en los Estados Unidos que parecieron una eternidad, se perdió el ritmo del tiempo, el día y la noche era lo mismo, hacía tanto frío en aquellas celdas donde su abrigo era una bolsa “como de aluminio”. Era imposible moverse por la aglomeración humana y al tratar de caminar -Carlos- hasta se caía porque no podía mover los pies.

“Ahí estuvimos entre 4 y 5 días, porque nos metieron a cuartos fríos, nunca apagan la luz, nos pedían que aseáramos el lugar, es como un castigo, era una barbaridad de gente, pero no nos separaron de los niños, sacaban a unos y llegaban otros”.

Cabe señalar que las mujeres embarazadas solo estuvieron un día, las entregaban a la familia en EE.UU. igual a los adultos cubanos con niños, salvadoreños y colombianos. Pero con los de Honduras había un trato diferente, escuché decir que la Presidenta de Honduras, (Xiomara Castro) había dicho que regresarán a los hondureños, afirmó el padre.

Y continuó, “Me preocupé bastante al pensar que me fueran a quitar al niño”. Había una sala con los niños y niñas no acompañados, y los adolescentes los cuidaban.

A Carlos lo esperaba una hermana que vive en EE.UU. con ella nunca tuvo comunicación porque en ese lugar lo despojaron, pero sí le pidieron sus datos personales.

“Pero sentí el temor que nos fueran a separar con el niño y que a mí me deportaran, pensé ¿Cómo volver a Estados Unidos a buscar al niño?

Con la voz pausada pero firme, Carlos recordó que esos fueron días tristes al ver que el niño casi no comía. El menú era una tortilla de harina con zanahoria rallada.

“Papi no quiero comer esto, papi cuándo vamos a salir de aquí”- le repetía su hijo. “Yo le decía cualquier momento nos vamos a ir”. Uno de los adolescentes logró encender un televisor y cuando salían comerciales de comida chatarra el niño se desesperaba más. Y así pasaron sus días en tierra extranjera, ambos compartiendo colchonetas duras y en una misma bolsa para soportar el frio. A veces tocó cargarlo en sus brazos para no despertarlo, mientras aseaban.

Salida sin destino

Un día pasaron lista, mencionaron el nombre de Carlos y el de su hijo, les pidieron hacer fila y los subieron al mismo bus con jaulas que habían abordado días antes. No se les informó cuál era su destino.

“Nos llevaron al aeropuerto sin saber para dónde íbamos, porque ya habían preguntado por la dirección de mi hermana”. ¿Reunificación familiar o retorno a Honduras? La suerte estaba en el aire, como pronto viajarían dejando aquel castigo migratorio.

De pronto, solo estaba un avión con todos los asientos ocupados entre los pasajeros algunas personas con las que 11 días antes se habían visto en Puerto Cortés, les dieron una botella de agua, galletas y un kit higiénico. Carlos escuchó que eran tres vuelos diarios. Sólo desde el aire, a través de la ventanilla comprendió que estaba regresando a casa, “porque vi Monterrey, es muy bello, ahí sí tuve acceso a ver con gusto cuando iba para EE.UU.”

Distinguió un paisaje diferente y la rivera del mar Atlántico, entonces comentaron a bordo que ya no era Estados Unidos. El niño iba dormido en el avión, “lo chistoso fue que cuando llegamos a San Pedro Sula, vio el montarral y dijo ¡papi, que feo este país! no sabía que estaba en Honduras.

Sacando un poco de risas con esa anécdota, Carlos afirmó que sintió tristeza por todo el esfuerzo económico y la vulnerabilidad expuesta, pero a la vez sintió alegría porque regresaron con bien.

El siguiente proceso fue en la oficina de Migración, no traía chip telefónico ni dinero. El niño lo había vomitado y le dieron ropa de talla más grande. Las autoridades hondureñas le aplicaron una entrevista migratoria y otra sicológica, los metieron a un pequeño cubículo y con los cuestionamientos se sintió revictimizado “me sentí raro porque venía de pasar una experiencia difícil”, dijo Carlos.

A los que viajaban lejos les daban un boleto de autobús, pero Carlos no aplicaba. Entonces recordó el número telefónico de un hermano. “Cuando llegó mi hermano, me dio un abrazo de alegría, al volver a la comunidad fui a ver al resto de la familia y todos me dieron dinero mientras conseguía empleo. En menos de un mes ya tuve trabajo”, contó entusiasmado.

¿Cómo han sido estos últimos tres años? -No he pensado irme otra vez, si lo hiciera fuera solo, pero tampoco quiero dejar al niño, afirmó el padre. “Mejor hago la fuerza y esperaré que él crezca y si lo intentamos sería ya grande, aunque su sueño es ir a Canadá”.

Sin vacilar, envía un consejo a los papás/mamás que están planeando migrar sin ningún respaldo legal: “Les digo que lo piensen bien, mejor no mover NNA, sobre todo en México. A veces el niño me pregunta ¿por qué nos fuimos? y recuerda los trayectos”, pero solo como recuerdos, sin secuelas aparentes de la travesía. Pero como papá sí las hay, la odisea, ser perseguidos por la policía o caer en manos de los criminales, marcó la vida de Carlos.

Retorno a casa

El gobierno de la presidenta Castro, a punto de concluir, implementó el programa «Hermano, Hermana, Vuelve a Casa», que tiene por objetivo asegurar un retorno digno y seguro a los migrantes hondureños, específicamente como respuesta a las

medidas anti migratorias en los Estados Unidos.

En entrevista con el diputado del partido Libertad y Refundación (LIBRE), Bartolo Fuentes, el tema de migración es bastante manipulado, ya que la oposición quiere dar a entender que en este gobierno la gente se está yendo masivamente, pero las estadísticas dicen lo contrario.

“Llegamos a tener en un año, antes del gobierno de Xiomara Castro, hasta 119 mil deportados, en este gobierno bajó a 90 mil, luego a 56 mil, después a 40 mil y este año andaremos a esa cantidad o menos, aun con todas las políticas anti migratorias de Donal Trump”.

Según datos del Instituto Nacional de Migración-Honduras, en la última década más de medio millón de compatriotas fueron deportados y retornados, especialmente de EE.UU. México y Guatemala. Al menos 150 mil fueron menores de 20 años.

Según Fuentes, periodista y entendido en el tema migratorio, afirmó que en la opinión pública se pusieron bien apocalípticos con esto de la eliminación del estatus de protección temporal (TPS) que se finalizó en septiembre pasado y la decisión de Donald Trump sobre deportar a los no documentados, y no ha sido así, las deportaciones se dan en el marco de lo normal o menos de lo que hemos tenido en otros periodos.

Lo que ha cambiado es la actitud gubernamental con las personas deportadas, porque nunca antes se les había atendido con asistencia alimentaria, se les ofrece la posibilidad económica de mil dólares que sirve de capital semilla para una actividad económica en el país.

En el caso de migrantes de otros países que pasan por Honduras, el gobierno también les da un trato digno, aquí no son atacados, este gobierno le facilitó el tránsito a un millón de personas, de los cuales la mitad pasó en un solo año, actualmente se registra menos de 50 mil personas anual.

Bartolo Fuentes fue víctima directa de esas violaciones a DDHH durante la movilización de la caravana migrante 2018- en Guatemala

Honduras no ha capturado ni deportado a nadie, por el contario se construyó un albergue en Danlí, El Paraíso, donde llegan los migrantes vía Nicaragua.

Pueden comer y dormir hasta 300 personas en módulos para mujeres, hombres y familiares con atención para NNA sin separarlos de sus acompañantes.

El parlamentario lamentó que el retorno de NNA no acompañados, es un drama, porque en muchos casos se fueron hace unos años y estuvieron expuestos a peligros del camino, en EE.UU. los encerraron y separaron de sus madres, los metieron en celdas y hubo niños presos.

Descenso de PINA retornados a Honduras

Un reciente informe sobre migración de Primera Infancia Niñez y Adolescencia (PINA), presentado por la Coordinadora de Instituciones Privadas Pro las Niñas, Niños, Adolescentes, Jóvenes y sus Derechos (COIPRODEN), revela que desde 2014 a noviembre de 2025, 128,320 NNA fueron retornados a Honduras, siendo 2019 el año pico con 25,990 en contraste con los 2,304 casos en este año.

De acuerdo con los datos oficiales que reporta la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) desde el 1 de enero hasta el 01 de noviembre del presente año, han sido retornados 2,304 niñas, niños y adolescentes a Honduras, procedentes de Estados Unidos, México y Guatemala. De la cifra total al menos 489 viajaron solos y 1,815 lo hicieron acompañados de algún adulto. 1,119 son niñas y 1,185 niños. Detalla el documento.

Wilmer Vásquez, director COIPRODEM, comentó que se arrastra una problemática estructural a lo largo de décadas, debido a la gran desigualdad social que ha tenido Honduras causando pobreza extrema y exclusión social como resultado de un modelo económico neoliberal.

El poder económico concentrado en 10 familias que acaparan el 90 por ciento de los recursos del país, hace que un 90% del pueblo se dispute el 10% de los recursos restantes y obliga a cientos de miles de familias hondureñas a huir de Honduras.

Pese a los peligros durante la ruta migratoria, se mantiene como opción. Mientras que, para los gobiernos es un negocio, detalló Vásquez, incluso para los EE.UU. porque tiene mano de obra barata y demás esclavitud laboral con la que se enriquecen. Mientras en Latinoamérica la miseria y corrupción carcome la institucionalidad y son las remesas que mantienen la economía nacional.

“Valoramos en la presente administración gubernamental (Xiomara Castro), que ha generado mejores condiciones de vida reduciendo el número de personas que tengan que salir del país”, agregó el defensor, contradiciendo lo que decían los medios corporativos y oposición política, tras asumir Donald Trump en la presidencia de EE.UU. y con el endurecimiento de leyes anti migratorias.

Afirmó que, con la niñez hay una estrategia institucional para recibirlos, llevarlos hasta su lugar de origen, darles seguimiento a través de programas de compensación social que tiene el gobierno y el seguimiento en el marco de un sistema integral de protección, que también depende de sus padres, madres o tutores. En el caso de COIPRODEM mantiene una red de seguimiento con NNA retornados que conversan sobre su experiencia y hacen conciencia en este tema tan delicado y personal.

Los NNA migran por diferentes condiciones ya sea por violencia estructural (pobreza, miseria, criminalidad, corrupción) o reunificación familiar. Por lo que el Estado debe proveer mejores salarios, derechos laborales, salud y educación con dignidad, que den respuesta a las necesidades del pueblo, que se vea la voluntad política.

El Diplomado Conocer, Construir y Participar para la formación y acompañamiento a periodistas de México y Centroamérica, nace con la finalidad de promover alianzas comunicacionales por los derechos de la Primera Infancia, Niñez y Adolescencia en contexto de movilidad humana. Es coordinado por PAMI Guatemala, facilitado por COMUNICARES, Guatemala, e impulsado en el marco de la Red Regional de Organizaciones Civiles para la Migración -RROCM-.