Marzo es el Mes de la Memoria Histórica en Honduras, impulsado principalmente por el Cofadeh, con el objetivo de garantizar verdad, justicia y dignidad a las víctimas de la Doctrina de Seguridad Nacional, que fue una receta terrorista de la CIA impuesta a Rosuco, Azcona y Callejas para justificar la venta de armas y el tráfico de cocaína entre 1980 y 1995, inclusive hasta nuestros días.
La memoria histórica es como la migración, un derecho humano universal; la persona decide si hace silencio o si hace memoria para denunciar y sanar, para acusar y resucitar. Igual que una persona decide quedarse en su cuna hasta morir, o emigrar para cortar el hilo y rehacer su vida, migrar para vivir mejor o simplemente migrar para salvarse.
La memoria histórica no es un ejercicio exclusivo de antropólogos, sociólogos o historiadores; es, ante todo, un ejercicio primario de víctimas sobrevivientes, de sus entornos familiares, de su comunidad y de la Nación, para precisar las causas de los dolores colectivos, restaurar la dignidad personal ante la brutalidad institucional del Estado, y es finalmente, una práctica de salvaguardas contra la impunidad.
Este es el argumento central del Cofadeh cuando habla de memoria histórica. O sea, no es una onda de andar escribiendo los hechos sueltos o hablando en general de fechas y períodos en los museos, conservatorios, paraninfos, plazas o cabinas de radio y podcast; es nombrar las causas, señalar la responsabilidad del Estado, reparar la imagen dañada de las víctimas y construir barricadas legales, culturales y políticas para impedir la repetición de los abusos institucionales.
En materia de derechos humanos este ejercicio es complejo, porque atraviesa la vida de personas que vieron la muerte de frente a través del secuestro violento, el aislamiento en prisiones clandestinas, la tortura en todas sus manifestaciones e inclusive el intento de asesinato con armas de fuego, con venenos, con noticias falsas y campañas de desprestigio a través de los medios desinformativos y de la prensa carroñera.
El próximo 24 de marzo es la fecha central de este mes dedicado a honrar los mártires hondureños de la esplendorosa década de lucha de los años 80s y honrar también las personas sobrevivientes, que las hay aún por decenas en nuestros barrios y colonias.
El 24 de marzo habrá plantones, conmemoraciones bajo techo, reflexiones colectivas en librerías, y visitas guiadas por el Museo Nacional contra el Olvido desde Amarateca a Santa Ana, desde Tegucigalpa a La Montañita, y otras acciones a comunicar próximamente.
Este mes de marzo nos permite conectar perfectamente la doctrina terrorista de Reagan, John Negroponte y Oliver North con la injerencia política y sexual actual de Trump, Rubio, Landau y Netanyahu. De la ocupación militar violenta de Centroamérica en 1980 al golpe de Estado religioso y la dictadura de la cocaína entre 2009 y 2022. Esos momentos de la historia lineal de Honduras que tienen un impacto aún vivo en la memoria colectiva de los pueblos. En la piel de la gente.
De las raíces y de las cicatrices de esos eventos podemos conectar hechos actuales, empezando por la moción de los diputados Kilvet Anduray y Luz Ernestina Mejía promoviendo amnistía para el golpista criminal Romeo Vásquez, acusado por graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.
No es casual, la diputada Mejía – de la élite racista de Intibucá, un departamento indígena lenca víctima histórico del supremacismo blanco local – es nieta directa de José Mejía Arellano, que formó parte del régimen golpista de Ramón Villeda Morales en 1957.
Cobijada en la bandera blanca del movimiento pacifista de los golpistas con Micheleti al frente en 2009, Luz Ernestina se asocia hoy por la amnistía con el yerno golpista del padre del fraude 2013, el fraude 2017 y el fraude 2025, el inocuo diputado azul Kilvet Anduray.
Ambos congresistas emisarios del gobierno paralelo de la embajada del Departamento de Estado en Tegucigalpa son instrumentos descerebrados de esta anarquía universal que huye de los delitos sexuales atroces cometidos por intermedio del proxeneta Jefrey Epstein, imponiéndose guerras, aranceles y distracciones horrorosas.
En 50 días, las figuras políticas del régimen impuesto a Tegucigalpa por el Club de Mar a Lago, no han hecho más que distraer a la población hondureña con proyectos de venganza política contra el consejero Marlon Ochoa, el fiscal general, la presidenta de la Corte, los consumidores de combustibles y las familias de los mártires del golpe político de 2009 y el golpe electoral de 2017 y 2025.
Sin agenda propia, imitando al guerrero Trump, a ese enfermo confeso de incontinencia verbal y narciso útil del sionismo internacional, estos muchachos y esas señoras del bipartidismo golpista tratan de cubrir el enorme escándalo de Juan Orlando Hernández, la M13, el “Fantasma” y el crimen del ciudadano estadounidense Said Lobo, hijo del nacionalista Pepe Lobo.
¡Qué chirinola más tremenda esta, señores! Un capo internacional de la cocaína condenado por Kevin Castel a 55 años de prisión federal y perdonado por el movimiento MAGA, se encuentra nuevamente expuesto a un proceso penal en Estados Unidos por ese crimen de venganza política en perjuicio de la familia de Pepe Lobo.
Joh, que es influencer de TicTok y demandante de asilo mientras la Corte de Nueva York tramita su vieja apelación de sentencia, tiene ahora que enfrentar muy probablemente un nuevo proceso penal por el asesinato de un ciudadano estadounidense en Honduras.
Es una tremenda tragedia política para el partido nacional y liberal, que comparten la dictadura corrupta de 2009-2022, y que esperan en Hernández al nuevo gerente de la organización criminal en 2029, forzando la salida violenta del consejero Ochoa del CNE para poder inscribirse candidato con la pluma de las dos consejeras de la mafia electoral y otro señor insípido e incoloro vasallo de las tinieblas.
Como vemos, eso es la memoria histórica. Conectar los hechos en los cuales es visible la élite de la APROH, el CEAL, el COHEP, la AHIBA y sus dos ancianos partidos, las fuerzas armadas, las maras, el Pentágono, la Casa Blanca, la embajada en su Base, las iglesias, los medios, los carteles… las víctimas.
Todos los días, pero principalmente este mes de marzo, debemos conectar todo y construir juntos la memoria histórica. Un hecho final, s las fuerzas armadas de Honduras envían tropas a morir al Medio Oriente para ayudar al Trumpismo y al Sionismo en su agresión contra el pueblo persa, sólo se confirmaría esa alianza perversa que hemos denunciado siempre las personas sobrevivientes de las dictaduras del 3-16, de los golpistas de 2009 y de los narcos del presente. El capitalismo sionista.
La memoria nos está enseñando a defendernos de los mismos protagonistas de las últimas 5 décadas en Honduras. Y en ese pensar, hay un sólo lugar merecido al prófugo de la justicia, una celda en Támara o en El Pozo. La amnistía, que es amnesia, no aplica para este chafarote criminal: los delitos de lesa humanidad, los crímenes contra la vida y la libertad de disidentes sociales y políticos, no se olvidan ni se perdonan. Que impere la justicia y que la impunidad no vuelva. Buenas noches.


























