Gritemos por sus nombres: la poesía como acto de memoria

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Tegucigalpa.- La tercera edición del concurso literario “Resistencia Popular y Refundación del Estado”, organizado por la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH) y el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), encontró este año su voz ganadora en la poesía.

El primer lugar en la categoría correspondiente a poemas fue otorgado a Alessandro Sánchez, joven poeta hondureño, por su obra “Gritemos por sus nombres. Poema en quince cármenes”.

Alessandro se define como “poeta”. Actualmente se desempeña como gestor cultural en Café Paradiso y es estudiante de la carrera de Letras en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Su acercamiento al concurso no nació del deseo de competir ni de obtener un reconocimiento. Por el contrario, confiesa que nunca trabaja pensando en premios. Para él, la escritura parte únicamente cuando siente que un texto es digno por sí mismo.

El poemario con el que resultó ganador ya estaba terminado desde marzo del año anterior. Durante meses fue revisado, corregido y afinado, sin la certeza de ser enviado a ningún certamen. La decisión final surgió más por la insistencia de amistades y familiares que por una convicción propia. Envió la obra con dudas; el resultado fue una confirmación inesperada.

Gritemos por sus nombres está compuesto por quince cármenes, una forma poética de origen medieval, concebida como cantos expiatorios, utilizados antiguamente con la intención de sanar una aflicción.

Alessandro retoma esta estructura como una apuesta simbólica: la poesía como posibilidad de sanación frente a una herida que sigue abierta.

El poemario está dedicado enteramente a las personas desaparecidas y al dolor persistente de sus familiares. No se trata únicamente de la desaparición consumada, sino también de la angustia previa, del miedo cotidiano, de la espera.

Uno de los poemas aborda esa sensación tan común y, a la vez, tan profunda: la ansiedad que surge cuando alguien no avisa que llegó a casa. Un gesto cotidiano que, en otros contextos, se transforma en una ausencia interminable. El autor se pregunta cuántas madres, cuántas familias, siguen esperando ese mensaje que nunca llega.

La escritura de la obra se sitúa en el año 2024, en un contexto marcado por la constante aparición de reportes de personas desaparecidas. Casos recientes, noticias reiteradas y hechos de violencia extrema despertaron en el autor una inquietud profunda. A esto se sumaron referencias culturales y artísticas que abordan la desaparición forzada en América Latina, reforzando una certeza: la herida sigue abierta y las palabras aún no alcanzan para nombrarla del todo.

Aunque el concurso aborda directamente la resistencia popular y la refundación del Estado, Alessandro optó por una postura deliberadamente amplia. Intentó que el poemario no se encerrara en una ideología partidaria ni en una lectura única. Su propuesta es inclusiva: dedicada a todas las personas, sin excepciones.

Reconoce que la desaparición no ha afectado únicamente a militantes políticos o luchadores sociales, sino también a personas comunes, atrapadas por la violencia, la pobreza, la delincuencia organizada, la trata de personas o el trabajo forzado.

Solo uno de los poemas asume un tono más explícitamente político, señalando que detrás de las desapariciones existen estructuras de poder y decisiones humanas. No se trata de ausencias espontáneas, sino de crímenes que responden a órdenes, intereses y responsabilidades concretas.

Para Alessandro, este tipo de concursos son necesarios porque abren espacios y visibilizan nuevas voces, aunque también plantea una crítica honesta: advierte que, en ocasiones, la lógica de competir puede empujar a producir obras apresuradas, más preocupadas por ganar que por decir algo verdadero.

En ese sentido, reivindica otros caminos para la difusión artística, como revistas, fanzines y espacios colectivos que fomenten la creación sin competencia.

El premio, reconoce, tiene un valor simbólico importante, sobre todo en un arte donde casi no existen ganancias materiales. Es un gesto que confirma que alguien leyó, que alguien sintió, que alguien fue tocado por las palabras. Sin embargo, insiste en que la escritura no debe agotarse en el reconocimiento.

A los jóvenes que escriben y dudan en mostrar su obra, les deja un mensaje claro: leer, escribir, buscar talleres, rodearse de personas que compartan la pasión —no necesariamente la ideología— y participar en recitales.

Para él, la poesía nace primero en la voz, en el encuentro con otros cuerpos y otras miradas, antes que en la publicación.

Con Gritemos por sus nombres, Alessandro Sánchez no solo obtiene un reconocimiento literario. Su obra se suma a los esfuerzos de memoria y denuncia que, desde distintos lenguajes, siguen reclamando verdad, justicia y humanidad para las personas desaparecidas.

En sus versos, la poesía no compite: acompaña, nombra y resiste.