HAY DE CURAS A CURAS

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La presidenta de Honduras Xiomara Castro acaba de reunirse con el Papa León 14 en Roma, que es un agustiniano nacido físicamente en Chicago, Estados Unidos, hace 70 años, con el nombre de Francis Prevost.

Este cura gringo, hoy Papa, renació espiritualmente hablando en Chiclayo, Perú, donde el pueblo indígena y campesino le dio la nacionalidad enseñándole los milagros que deben hacer cada día para sobrevivir a la neo-colonización de un Perú profundo, pero desigual y víctima del racismo puro.

En Chicago, igualmente, nació otro cura el 28 de octubre de 1924, llamado también Francis, Francis Carney, con la diferencia que éste fue enviado por sus superiores jesuitas a Honduras en 1964.

En la costa norte hondureña, el jesuita gringo encarnó su vida y la esencia del evangelio cristiano en las comunidades agrarias de Yoro y organizó los campeños en cooperativas productivas. Su compromiso y su pasión con el cambio humano y social lo llevaron a adoptar la identidad y la nacionalidad hondureña, hasta se cambió el nombre, se hizo llamar Guadalupe y pidió díganme simplemente Lupe.

En su crecimiento espiritual radical al lado de las comunidades campesinas excluidas, perseguidas y violentadas, tomó una decisión coherente con su evangelio. Dejó la comodidad de la casa jesuita en El Progreso y se fue a vivir en una champa con hamacas donde combatía con los zancudos, el calor y los roedores, como hacían cada día las gentes descartadas del sistema capitalista insaciable.

En aquellos años, como ahora la cúpula de la iglesia católica nacional vivía en concubinato al lado de la élite oligárquica de Tegucigalpa, disfrutando sus migas y encubriendo los golpes de Estado de los 70s y avalando la ocupación militar gringa de los años 80s.

El padre Lupe se hartó de la desigualdad social y económica y decidió aproximarse a los proyectos de insurrección que se gestaron igualmente en Yoro, y fue expulsado en 1979 despojado de su nacionalidad hondureña.

Desde Nicaragua, en 1983, decidió como el padre Camilo Torres en Colombia unir el fusil y el evangelio, y se sumó a la columna guerrillera de José María Reyes Mata como orientador social cristiano, sabiendo que el evangelio es revolución.

Lupe fue apresado por sus paisanos los gringos de la CIA y sus ex connacionales hondureños en las montañas de Olancho, pero nunca su cadáver fue entregado a sus familiares que reclamaron repetidas veces sus restos tanto en Estados Unidos como en su embajada en Tegucigalpa.

El pasado 17 de septiembre se cumplieron 42 años de la desaparición forzada de este sacerdote jesuita, integrante de la columna del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, que ingresó a Honduras desde Nicaragua en 1983.

Son 42 años transcurridos para una causa que mezcló comunidades cristianas de base, cooperativas agropecuarias y alfabetización de adultos, sin perder de vista nunca el cultivo de la conciencia crítica de hombres y mujeres que lo recuerdan como un libertador.

La Agencia Central de Inteligencia, que ya en los años 70 operaba su proyecto narco de ocupación militar de Honduras, para vender armas y drogas en la región, llamaba a Lupe comunista y subversivo.

“Ser cristiano es ser revolucionario” les respondía el gringo jesuita que representa un modelo de iglesia radicalmente distinto al de sus hermanos catrachos sumisos a los Atala, Facussé, Kafies y otras familias que controlan hoy a curas y pastores para hacer la campaña de su bipartidismo.

No es claro si la presidenta Xiomara Castro informó a la curia romana sobre el comportamiento anti partidario y antigubernamental de los obispos José Nácher, Henry Ruiz, Michael Lenihan, Gustavo Fuentes y Oscar Andrés Rodríguez, pero se percibe en el ambiente una mano invisible meciendo las sotanas y los trajes de los pastores al servicio de la campaña antiLibre.

Si el padre Guadalupe viviera en nuestro tiempo tal vez no confrontaría a sus hermanos por pasivos-agresivos o por parlantear el discurso de la Salazar y de los Días Balar, pero con su opción preferencial por la gente sencilla les enseñaría el camino de la redención.

En los últimos 58 días los obispos extranjeros y nacionales junto a un listón de pastores evangélicos tuvieron 195 intervenciones en los 32 principales medios de la oligarquía nacional. Y sus mensajes pueden considerarse de injerencia en el proceso electoral para potenciar la campaña de Asfura Zablah y Nasralla Salum.

Eso no huele bien padre Lupe, por eso que su memoria entre las víctimas de la desaparición forzada sea siempre inspiración de un nuevo cristianismo liberador, no adormecedor, no de opioides.

Buenas noches