Tegucigalpa. En abril de 2024, la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH), en alianza con el Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Honduras (COFADEH), convocó a la segunda edición del concurso literario Resistencia Popular y Refundación del Estado.
Esta convocatoria fue anunciada durante la ceremonia de premiación de la primera edición, realizada en el Hogar contra El Olvido, en la aldea La Joya, Santa Ana, Francisco Morazán. El evento contó con la presencia de autoridades como la ministra de la SECAPPH, Anarella Vélez, y la coordinadora general del COFADEH, Berta Oliva.
La invitación se dirigió a hondureños y hondureñas, así como a extranjeros, residentes dentro o fuera del país. Las categorías en competencia fueron ensayo, poesía y narrativa, con trabajos de entre 30 y 120 páginas, escritos a doble espacio y enviados en formato PDF.
La temática central, de gran peso simbólico y político, giró en torno al proceso de resistencia y la refundación nacional impulsada por el actual gobierno. La premiación se programó para el 28 de junio de 2024, fecha profundamente simbólica al conmemorarse un nuevo aniversario del golpe de Estado de 2009.

Este concurso trasciende la valoración estricta de la calidad literaria. Se concibe como una plataforma de memoria histórica, una invitación a rescatar una época de represión y resistencia desde la palabra escrita.
Es un llamado urgente a escribir y recordar, a reconstruir el pasado desde las narrativas propias del pueblo hondureño, para que las experiencias y luchas no sean borradas por el tiempo ni deformadas por el olvido.
Los ganadores de la segunda edición
En la categoría Ensayo, el primer lugar fue para Diego Aguilar, licenciado en Historia y director de Políticas Públicas, con su texto Un pie adentro y otro afuera.
En la categoría de Poesía, el reconocimiento al primer lugar fue para Jader Hernández, catedrático universitario, por su obra Los Pétalos de fuego.
Ambas obras ganadoras capturan la esencia del certamen: escribir para preservar, narrar para transformar y convertir la palabra en una herramienta de resistencia cultural y política.
Javier Sánchez: la poesía como voz de los que ya no están
Para el poeta y catedrático universitario Javier Sánchez, el impulso de participar en el concurso Resistencia Popular y Refundación del Estado nació de una experiencia profundamente marcada por la violencia del golpe de Estado en 2009. Aunque en aquel momento apenas era un adolescente aún estudiante del Instituto Central Vicente Cáceres, su memoria conserva vívidamente el asesinato de Isy Obed.
“Yo estaba en lo que actualmente es una plaza, pero antes era un lugar desde donde se veía llegar los aviones”, recuerda. “Vi morir a Isy Obed en los brazos de César Silva. Mientras lo llevaba cargado, buscando una ambulancia o ayuda para trasladarlo a un hospital, él gesticulaba con los labios. Nunca pude olvidar eso. Siempre me pregunté qué quiso decir, qué decía. Desde entonces comencé a acumular versos, ideas, temas que luego se fueron concretando en poemas.”
En ese momento, cuando el país ardía y él apenas tenía 14 o 15 años, sintió que estar ahí era lo correcto. “Hay un dicho bastante trillado que dice que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción incluso biológica”, dice. “Pues yo pienso que como joven, era el mejor lugar donde podía estar.” Agregó.

Aunque el 2009 sea un eje central de su obra, su poesía también se alimenta de un contexto más amplio, de los silencios que rodean a la realidad hondureña. Asegura que hay muchas cosas que se han dejado de decir, tanto desde la política como desde el periodismo, y que la poesía puede convertirse en una voz para aquellos que no tienen una.
“Quizás la poesía sea una voz adecuada, idónea, para darle relevancia al discurso de esas personas que no pudieron usar su voz por x o y motivos: porque son invisibilizadas, porque forman parte de minorías, porque son marginadas, porque fueron torturadas, porque ya murieron. Yo creo que no soy el adecuado para decir cuál es el deber de la poesía, pero ¿por qué no?, la poesía puede asumir el rol de darle voz a lo que no tiene voz.”
En este sentido, valora profundamente el certamen organizado por la SECAPPH y el COFADEH, no solo por su importancia cultural, sino también por su carga simbólica. “Me parece una preciosa iniciativa. Normalmente, en otros concursos que hay en el país —como los Juegos Florales de Copán, los de San Marcos de Ocotepeque, o los Equinoccio Pata de Pluma en Santa Bárbara— se puede escribir de casi cualquier cosa, hay temática libre. Pero este certamen precisó un tema que inclina a los escritores a tener conciencia social. Y eso no está mal. Tiene que ver con lo que somos, con nuestra memoria, con el vínculo que tenemos con todas esas personas que murieron defendiendo un ideal, o que siguen hoy combatiendo en honor a esos ideales. No está de más llevarlos al papel”.
Aclara, sin embargo, que no busca imponer un enfoque único: “No quiero decir con esto que la poesía deba estar necesariamente vinculada con la conciencia social o tener un discurso social. Creo que la poesía, en sí misma, es social”.
Su poemario, Pétalos de fuego, refleja precisamente esa visión. Es una obra que da voz a quienes han pasado por la represión, la violencia institucional, el olvido. Pero no es un texto partidario. “Lo que quise hacer fue una poesía humana. Entiendo que los partidos políticos están conformados por seres humanos, y de eso quise hablar: del dolor de esas personas, de lo que esas personas tenían guardado”.
Javier señala que el título, nació de una imagen que lo persiguió durante mucho tiempo. “Pensé en cómo llamar a este cúmulo de experiencias, a este cúmulo de voces. Se me ocurrió que podía ser preciosa la imagen de un incendio que a la vez era comparado con una flor. Pero también me empujó a elegir ese título la idea de que cada pétalo que cae es un incendio en sí mismo. Y es como recordarnos que todos venimos del mismo lugar, de la misma hoguera, del mismo incendio, sin importar colores políticos. A pesar de que haya personas que puedan tener posturas que dejan bastante que desear, o que van en contra de las necesidades o de los deseos de la mayoría de los hondureños, todos somos hondureños. Creo que el título englobaba de buena medida a todos”.
Cuando se le pregunta qué mensaje enviaría a los jóvenes que escriben, pero no se atreven a mostrar su obra, Javier es claro pero humilde: “El que yo haya ganado el primer lugar en este certamen no me da la autoridad para darle consejos a ningún escritor. Sin embargo, por cortesía, creo que debería decirles que no le tengan miedo al fracaso. Que siempre, en sus escritos, recuerden dos cosas fundamentales: la primera, la belleza; y la segunda, los necesitados. Pero, sobre todo, que piensen a menudo en Palestina”.

Entre todos los poemas que componen su obra, hay uno que guarda con especial cariño. “Es difícil cuando le preguntan eso, porque es como si le preguntaran a uno por cuál de sus hijos se decanta más, cuál prefiere. Pero creo que el último poema del poemario tiene un significado especial para mí. Quien lo lee puede sentir que el libro da una visión un tanto pesimista de todo lo que sucede en el país, muestra la cruda realidad. Pero ese último poema ofrece un respiro de esperanza, de lucha, de resiliencia. Es el poema de alguien que regresa a su casa y ve las cosas que ama —entre ellas, su hija, las estrellas— y piensa: ‘¡Todavía se puede! Todavía hay esperanza”.
Finalmente, Javier expresa su gratitud hacia los organizadores del certamen. “No está bien que un escritor sea ingrato. Estoy muy agradecido por este premio. De alguna manera, ha significado mucho para mí. Y pienso que, a pesar de que los procesos han llevado su tiempo, estos concursos son necesarios. Un tiraje de 500 libros no es poca cosa en estos días. Sin embargo, quizá no solamente deberíamos quedarnos como artistas en la parte de la mera publicación de los textos, sino que también deberíamos poner el arte de nuevo en el centro de la gran lucha cultural que se libre en nuestro país.”.
Con esperanza, agrega: “Tengo la ilusión de que a partir de este premio pueda ser invitado a eventos de corte literario, a recitales de poesía. Hasta el día de hoy no he recibido ninguna invitación, y estoy muy interesado en alzar la voz, en decir, como dice un cantante español: esta boca es mía”.
Javier Sánchez Hernández es poeta, filósofo y catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Nacido en Tegucigalpa en 1990, desde temprana edad mostró una profunda inclinación por las letras y el pensamiento crítico. Su vocación lo llevó a dedicarse al estudio riguroso de la poesía y la filosofía, disciplinas desde las cuales ha construido una obra sensible, comprometida y profundamente humana.
Su talento y su obra Pétalos de fuego, lo llevaron a ganar el primer lugar en la categoría de poesía de la segunda edición del certamen Resistencia Popular y Refundación del Estado, Sánchez reafirma su convicción de que la poesía puede —y debe— ser una herramienta de memoria, justicia y esperanza.


























