HONDURAS SE PREPARA PARA LA AGUDIZACIÓN DE LA LUCHA DE CLASES

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En ocasión del 43 aniversario del Cofadeh, el Día Universal de los derechos humanos y el desastre electoral del 30 de noviembre, hubo esta semana un conversatorio honesto en el Museo de la Memoria, ubicado en la Antigua Casa Presidencial.

Las personas participantes, académicos, defensores de derechos humanos, activistas sociales y servidores públicos, hicieron memoria de la evolución de los derechos humanos desde 1948 y su situación actual en Honduras, un país desigual, víctima de una oligarquía fraudulenta, esencialmente violenta y corrupta.

Este conversatorio llegó en un momento crítico para Honduras, en el instante que Estados Unidos puso en marcha su nueva política de seguridad global caracterizada por la piratería, el racismo, la violencia armada y la injerencia vulgar violatoria de la autodeterminación de los pueblos.

En los pasillos de la antigua Casa Presidencial de Honduras fue imposible evitar la referencia a esta nueva doctrina Monroe 2.0 y a la vulgaridad del 30 de noviembre, un evento en el que se juntaron todos los actores interesados en interceptar la propuesta política de democratizar la economía y transformación de la justicia.

En el gran proyecto de boicotear la elección se han sumado el Cohep, las cúpulas del bipartidismo, las iglesias pentecostales, la ex secretaria del capo de Lempira, la guarida fiscal de Próspera, el narco propiamente, la M13, la mafia de Miami y el propio presidente millonario Donald Trump, entre otros actores siniestros.

Fue imposible en el conversatorio del 10 de diciembre evitar la referencia a este nuevo quiebre que se está produciendo entre la élite rica y la clase trabajadora hondureña, una fractura tremenda que avanza hacia la profundización de la confrontación política, la fragilidad social y la desnutrición legal del poder gubernamental.

Este momento al que hemos llegado tiene tres etapas bien identificables. La primera fue ejecutada contra el partido Libre por criminales amenazando a más de dos millones de electores con armas de fuego y amenazas de cancelación de remesas si votaban por Rixi, acción a la que se sumó directamente el presidente gringo Donald Trump.

La segunda etapa fue ejecutada por informáticos del partido nacional y de Gabriela Castellanos a nombre de un cartel social que robó las llaves de acceso al sistema central del Consejo Electoral, con el fin de corromper la información de la población votante como se desprende de los últimos audios de la consejera Cossette López, ex secretaria de Juan Orlando Hernández, divulgados por el Ministerio Público.

El desorden ocasionado con las actas sin biometría y, además, marcadas esta sí, esta no, esta sí, esta no, tienen al país expuesto en la Organización de Estados Americanos el próximo lunes, sin remarcar lamentablemente ahí el elemento central que viola la carta democrática del organismo: la injerencia externa en la elección de Honduras.

La tercera etapa de este golpe electoral, además del desplazamiento criminal contra Libre y el robo de las credenciales informáticas, es el papel de las misiones internacionales de observación y la jauría mediática que esperan la declaratoria oficial del bendecido por la Doctrina Monroe para lavar corruptamente el golpe electoral, que es tan nocivo como el golpe militar de 2009.

Frente a esta realidad desequilibrante de la sociedad hondureña, que va de golpe en golpe, son diferentes las maneras de analizarla y gestionarla. El partido liberal está dividido entre quienes desean resolver la incertidumbre contando voto por voto y los que empujan por una capitulación de Nasralla a cambio de una negociación con los cachurecos.

El partido nacional espera anclado en la promesa del prófugo Romeo Vásquez de reunir a mercenarios y pandilleros para una guerra civil si el maltrecho Consejo Electoral no declara a Tito Asfura como presidente del capo liberado por Trump, para reinstalar el modelo narco.  

Por su parte, el partido Libre, ha impugnado los resultados presidenciales, ha desconocido los resultados totales por fraudulentos, ha denunciado la injerencia vulgar de Trump ante diversos organismos mundiales y regionales, y ha definido una estrategia política este sábado que incluye movilización social ante el posible regreso del crimen organizado al control del Estado.

Como siempre nos recuerda aquí en esta cabina nuestro filósofo popular, el gran luchador social Carlos H Reyes, hoy más que nunca deviene obligatorio trabajar la conciencia de clase de la población general y juntar lo social con lo político, lo político con lo partidario, para enfrentar una oligarquía desnacionalizada, criminal y corrupta, además voraz, canalla y vendepatria, que nos arrastra a la desigualdad y al empobrecimiento.

El 30 de noviembre nos deja una ausencia de la población en urnas por miedos y diversas otras razones que sobrepasa la mitad de 6.5 millones de hombres y mujeres mayores de 18 años, que estaban en el censo. Es un golpe fuerte con palo de guayabo al sistema político. Es un mensaje tremendo que nos repercute a todos y todas.

La ausencia de legitimidad social que eso implica vendrá acompañada de desconfianza en las instituciones, con represión y violaciones sistemáticas a los derechos humanos, y nos costará caro el hecho que la gente se encueve en lo privado, porque las decisiones del crimen organizado serán atrevidas si no lo paramos con organización y movilización popular.

Sigamos conversando, reflexionando, organizando y movilizando, porque esto no es un problema del partido Libre ni de las fuerzas progresistas, esto es un asunto de la sociedad en general. Y es Carlos que nos repite también que los pueblos estaremos aquí siempre, si luchamos y si conservamos la memoria.

Sigamos la próxima semana. Buenas noches.