El grupo musical venezolano Los Guaraguao en uno de sus versos recuerda al mundo que rezar no basta, porque también reza el piloto para ir a bombardear a los niños de Vietnam. Y sin dudas el 3 de enero de este año más de 150 pilotos rezaban al bombardear a los niños de Caracas. Así es el dios de la guerra, su dios de la guerra.
El 30 de agosto de 2025, los cristianos hondureños – evangélicos y católicos – rezaron y votaron en contra de una candidata y de un partido. Con odio rezaban, sin amor rezaban, y no les importaba contribuir a la violencia del fraude con la M13, el Cartel de Occidente y el Cartel de Washington. Rezaban en contra de, y a favor de.
El Dios de la vida, el Jesús sencillo y transformador, que se asoció con mujeres cuidadoras de enfermos, con pescadores, carpinteros, pastores de cabros y agricultores, nunca acomodó sus principios ante el poder ni vendió sus poderes al adversario de los sencillos de corazón.
Jesús, por el contrario, enfrentó a los mercaderes de la Fe y los expulsó del Templo donde engañaban a la gente y al César, evadiendo impuestos y evadiendo mandamientos de la Ley de Dios. No matarás, no levantarás falso testimonio, no robarás…
Pero los cristianos del Comando Sur, de Washington, de la Casa Blanca, del caucus republicano del maga y de las sectas pentecostales hondureñas, utilizaron una vez más las formalidades religiosas para lavar los crímenes cometidos.
Los tres cárteles cristianos fundamentalistas basados en Tegucigalpa y San Pedro Sula recibieron la línea de distribuir sus ovejas entre Nasralla y Asfura para fraccionar el voto al partido Libre con la promesa de presupuestos públicos a sus rebaños.
Los responsables de manejar los pastizales y los establos decían claramente a sus ovinos cuáles eran los ungidos, los bendecidos, los preseleccionados, y les entregaban la lista sagrada. Y el zacate, en Cortés 100 millones. Sin límites morales, sin cuestionamiento ético. Con gamarra y con orejeras.
Y así fueron las líneas a los medios de desinformación y a las telefónicas para inducir a los ungidos con actas falsas, y a la M13, a los carteles sobre el territorio, a todos los actores del golpe electoral para desplazar del Estado un partido, un proyecto, una historia, como si ello fuera así de simple. Un plumazo.
El único límite de mi poder es mi propia moralidad y no el Derecho Internacional, dijo esta semana el millonario empleado de la industria imperial de la muerte, el pequeño rey Donald Trump, quien indujo a Nasrry Asfura para alistar el retorno de JOH al modelo criminal organizado desde el Estado. El billete que mueve las lavadoras.
La pregunta que le hicieron al pequeño King fue por qué no consultó al Congreso de la Nación antes de asesinar a más de 100 civiles y militares en La Guaira y en Caracas el pasado 3 de enero, para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia, declarados prisioneros de guerra de los Estados Unidos.
Trump respondió que los consensos del fin de la segunda guerra mundial ya no aplican a la potencia militar del mundo, y que él en su nombre puede hacer lo que su moralidad le indique para tomar por la fuerza los recursos, los mercados, las libertades y las vidas de todos nosotros. Sin respeto a China, Rusia, India, la ONU ni a la Justicia universal.
El hombre millonario que usó fondos públicos para pagar servicios sexuales extramaritales, que participó de las juergas de Jeffrey Epstein con niñas blancas menores de 17 años, y que actualmente hace ganar dinero a sus amigos y parientes con movimientos concertados en las bolsas, el Tesoro y las industrias armamentísticas, petroleras, automovilísticas, farmacéuticas y de drogas. Él mismo líder naranja hablando a la humanidad de su moralidad monárquica, imperial.
Esta moralidad maniquea del bien y el mal le indicó esta semana al señor abandonar las agencias y organizaciones de las Naciones Unidas. Y así lo hizo, incluyendo medio ambiente, mujeres, cambio climático, diversidad sexual, derechos humanos, derechos del mar, etc. Quebrando todo.
Los cristianos del mundo pentecostal fundamentalista de inmediato consideraron la acción providencial, divina, y celebraron igual que lo hicieron después del violento secuestro de Maduro y del fraude electoral del 30 de noviembre aquí en Honduras.
Es la moralidad que aplaudiría igual el instante cuando el Comando Sur destruyera con bombas y misiles la humanidad de La Habana, para felicidad de Marco Rubio, María Elvira, Días Balar, Jiménez y otros sedientos de odio y de venganza, creyentes que en la Sierra y en el Malecón habita el demonio.
Es la moralidad de la OEA, sumisa a Christopher Landau, reclamando al Congreso Nacional y ahora a la presidenta de Honduras, por ordenar al órgano electoral que cuente todos los votos en todos los niveles electivos para hacer respetar la voluntad del pueblo, porque hicieron declaratoria espuria sobre las bases de un robo que se ve, que tiene ruido y apesta, pero que el señor Loizaga y su equipo no vieron ni olfatearon. No escuchan porque quieren un alguacil ahora.
Aceptación o resignación no es un sentimiento cristiano, es un condicionamiento de comportamiento de la guerra cognitiva impuesta por la CIA a nuestro país. No aceptamos ni la violencia contra Venezuela para robar su petróleo y desmontar su liderazgo político, ni aceptamos que Asfura sea investido sin ser ganador, tampoco aceptamos que el inventor del Trans 450 sea el reemplazante de Aldana en Tegucigalpa.
Aceptar eso sería aceptar la moralidad de Trump y de los demás criminales que dividen el Planeta solamente en cielo e infierno, en blancos y negros, en supremacistas y gente de mierda, en nativos y migrantes criminales, en ricos y empobrecidos, en oro y petróleo.
No aceptamos esa moralidad del fascismo imperial sobre la tierra de los hombres, las mujeres, los diversos, los insumisos, las indígenas, los migrantes, los pueblos soberanos del mundo. No nos da la gana ser colonia americana, porque América no es Estados Unidos. Estados Unidos es una pequeña parte del Norte del continente, que si le damos vuelta al mapa sería el Sur. Buenas noches


























