Si Estados Unidos, a través de su embajada en Tegucigalpa, termina publicando en Navidad una declaración oficial de resultados sobre el estiércol electoral del pasado 30 de noviembre, sería responsable directo del derramamiento de sangre en el país y tendría que atenerse a las consecuencias.
Honduras ya vivió en 1924 esa violencia del partido nacional contra el partido liberal por los resultados fraudulentos de las elecciones de 1923, que chocaron al gobierno del militar Rafael López Gutiérrez, convirtiendo aquello en un desastre sanguinario entre políticos, militares y marines gringos que llegaron por el sur.
Hoy la situación es aún más compleja que en 1924. El pueblo hondureño aún despierto ya sabe el tamaño de la vulgaridad del 30 de noviembre de 2025. Hay otro pueblo hondureño adormecido. En realidad, fue un raquítico porcentaje de pueblo que asistió a las urnas, menos de la mitad de 6.5 millones de personas, por las razones que usted quiera enumerar.
La razón principal, en nuestro criterio, fue la designación del partido nacional como el “ganador” del emperador de Washington, del rey maga. Y el uso de criminales armados para seleccionar al candidato de Trump inflando urnas, despreciando los registros biométricos y adulterando los datos digitales. Y físicos.
El pueblo despierto intuyó que por ahí no era. Que la ilusión de lo público sirviendo al público se terminaba. Que la expansión de las empresas de migrantes en el territorio con el retorno progresivo a la Patria, se esfumaba. Entendió que la magia del progreso, la reunificación familiar y los avances en salud y educación, se hacían añicos. Y que migrar será otra vez el destino.
A esta fecha, 20 de diciembre, no sólo hay certeza del fraude, del golpe, del plan siniestro, sino también certeza de las autorías. Las consejeras responsables Ana Paola Hall y Kossette López, representantes de la oligarquía bipartidista mafiosa, están secuestradas por el departamento de Estado de Estados Unidos y obligadas a emitir mensajes a nombre de la política exterior de Washington.
Así hemos entendido a través de los mensajes de la oficina del hemisferio occidental, de los comunicados del propio Marco Rubio y los telegramas del búnker de la avenida La Paz, donde el pueblo entiende que están las consejeras privadas de su libertad.
Los mensajes apuran a estas niñas a emitir declaración oficial para la Navidad con ataques rabiosos al consejero Ochoa y al Congreso Nacional, donde llegaría la crisis según la Constitución en nueve días.
Las consejeras Hall y Osorio, responsables visibles de los operadores invisibles, llevaron este desastre hasta donde han podido. Es lo más sucio, lo más vulgar y lo más deficiente de toda la historia política electoral de Honduras. El objetivo de Estados Unidos es reimplantar en el Estado de Honduras el modelo narco que asegura ingresos cuantiosos a los grupos mafiosos del hemisferio occidental. La farsa de la nueva doctrina Monroe.
Las “pobres muchachas”, para quienes el CONADEH debería interponer un recurso de exhibición personal, enfrentan sin embargo una Notitia Criminis que las sindica como responsables de delitos electorales superiores contra la Patria, porque han dado por válidos procedimientos corruptos y han minimizado diversos crímenes electorales con particulares desde la sede del partido nacional y el consejo nacional anticorrupción, antes y después del 30 de noviembre, en coherencia a los 26 audios criminales.
Ambas consejeras son muy probablemente en este momento sujetas a detención judicial por delincuentes electorales, y el Estado de Honduras debería tomar acciones complementarias inmediatas, deteniéndolas en flagrancia, donde sea que se encuentren, porque han abandonado el Consejo Electoral y han dejado tirada la sensible etapa final de escrutinios en manos de los partidos y han entregado la declaratoria, criminalmente, a manos de un gobierno extranjero, interventor, corrupto y narcotraficante.
Todos estos hechos han sido muy descaradamente ocultados por las misiones observadoras de la OEA y la Unión Europea, que en honor a la dignidad nacional deberían ser expulsadas de inmediato del territorio nacional por cómplices, cobardes y mentirosas.
En estos días ya nada falta por verse. La liberación del dictador líder del partido nacional y el alineamiento de la nueva cúpula militar a sus malandros planes futuros, poniendo los astros en línea al autoritarismo, la violencia y la criminalidad organizada que expulsará comunidades, perseguirá disidencias y matará liderazgos, si el pueblo se los permite.
Nada nuevo por verse. Cúpulas nacionalistas ejecutando a vista de los observadores muelas un simulacro electoral transmitido y narrado en vivo desde su bunker y desde el INFOP, un festín a cámara abierta donde papeletas nuevas, planchadas, se convierten en votos nuevos. Cúpulas liberales levantando sus manos consumando el crimen, vendiendo al candidato Nasralla y asaltando su caudal de votos donde no cuadran urnas, biométricos y cuadernillos. Una masacre de la voluntad del pueblo.
Entonces, está dicho ya. El consejero Marlon Ochoa no firmará la declaratoria de la embajada de Estados Unidos, aunque los marines le pongan una pistola en la cabeza. El candidato Salvador Nasralla, ganador de la elección, no reconocerá los resultados si no son escrutadas las 19 mil 167 urnas. Salvador lamentablemente no sabe qué hace su partido de la mano de sus enemigos políticos nacionalistas. Y la resistencia nacional tampoco sabe en definitiva qué hará Libre…
En conclusión, estamos frente al secuestro de la voluntad electoral del 47 por ciento del pueblo hondureño mayor de 18 años. Y no se sabe si el resto de la población quiere dar la batalla de la defensa nacional o tendrá que volver a nacer Lempira, Satuyé, Sicumba, Barauda, Morazán, Frylán Turcios o Visitación Padilla. O los seres queridos de la desaparición forzada que ofrendaron sus vidas contra la ocupación militar gringa entre 1980 y 1995. La pregunta es al Cofadeh. Y la pregunta es a nosotros y a ustedes que nos escuchan. Buenas noches.


























