Gualaco, Olancho. – “Ojalá que un día tengamos una justicia que valga la pena en nuestro país”. Con esta esperanza, Gerson Iván Juárez Orellana, defensor de derechos humanos y del territorio, resume el sentir de muchas comunidades rurales de Honduras que enfrentan el despojo, la criminalización y el abandono estatal.
Gerson es originario de la aldea Cuaca, en el municipio de Gualaco, departamento de Olancho.
Desde hace varios años ha asumido un rol activo en la defensa del medio ambiente y los recursos naturales de su comunidad, motivado por las profundas desigualdades que ha observado a su alrededor.
“Mientras vemos comunidades prósperas con pocos recursos, nuestras tierras ricas y nuestras manos trabajadoras siguen empobrecidas”, manifestó.
Lo que comenzó como una inquietud personal se transformó en una lucha colectiva.
“Las circunstancias nos fueron empujando a organizarnos, a defender lo que nos pertenece: el agua, la tierra, el bosque. Aún sin saber mucho, uno aprende en el camino. Y eso hicimos”, sostuvo.
El camino ha sido duro.
Gerson relata que ha vivido amenazas, intentos de soborno y campañas de desprestigio. Ha visto caer compañeros en la lucha, como Juan López, quien fue asesinado por su labor en defensa del territorio.
“Uno camina sabiendo que corre peligro, pero con la conciencia tranquila. Si nos toca irnos, que sea con la frente en alto, por haber hecho lo justo”, expresó.
Su padre, Pedro Juárez, también ha sido víctima de la criminalización. A pesar de ser pastor de una iglesia cristiana y defensor comunitario, ha sido acusado injustamente de delitos como narcotráfico, posesión ilegal de armas y usurpación de tierras.
“Esas acusaciones no son más que intentos por silenciarnos. Todo lo que denunciamos, lo usan en nuestra contra. Las autoridades no investigan a los responsables reales, sino que se prestan al juego de las empresas extractivistas”, manifestó.
A pesar de todo, Gerson no pierde la fe. Reconoce el acompañamiento de organizaciones como el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), que han brindado apoyo legal y moral a su familia y a muchas otras en situaciones similares.
“Gracias a ellos no estamos presos. Las empresas quieren callarnos, pero seguimos de pie, por nuestra gente y por las generaciones que vienen”.
La lucha de Gerson es el reflejo de muchas otras que se libran en silencio en las comunidades de Honduras. Una lucha que no pide privilegios, sino justicia. Una justicia que, como él dice, “valga la pena”.


























