Gualaco, Olancho. Laureano Escobar Guillén, defensor ambiental originario de La Majada, municipio de Gualaco, denunció públicamente la criminalización y persecución que enfrentan él y otros pobladores por su labor en defensa de los recursos naturales en la zona.
Escobar relata que desde hace más de 15 años su comunidad ha vivido una lucha constante para proteger los bosques y fuentes de agua, enfrentándose a empresas madereras que, asegura, han explotado el territorio de manera irregular y sin consentimiento de las comunidades.

“Nosotros somos protectores de los bosques y cuidadores de la naturaleza, como nos enseñó nuestro padre. Siempre cuidamos las quebradas, evitamos incendios y protegemos el agua”, declaró.
Hace cinco años, la situación se agudizó cuando la empresa de Nery Roberto Murillo Montalván se apropió de las tierras y bloqueó el acceso de los habitantes, dañando cultivos y propiedades.
En respuesta, Laureano y otros compañeros buscaron apoyo en instituciones como el Ministerio Público y organizaciones de derechos humanos, como el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), que les brindaron asistencia legal ante amenazas y capturas arbitrarias.
A pesar de enfrentar procesos judiciales y haber sido acusados falsamente por un testigo protegido, lograron evitar la prisión con el acompañamiento legal de COFADEH.
Actualmente, cinco personas de la comunidad de Lagunitas continúan procesadas. “Esta lucha ha sido dura, pero no nos sentimos atemorizados. No hemos dejado de resistir y estamos agradecidos con las comunidades que nos han apoyado”, expresó.
Escobar también denunció amenazas armadas e intentos de intimidación, y aunque la situación se ha calmado en los últimos dos años, siguen bajo vigilancia y presión legal.
Además, criticó la inacción de las autoridades locales y la desconfianza hacia la policía, que en el pasado ha actuado en complicidad con intereses empresariales.
En su testimonio, enfatizó la urgente necesidad de proteger las fuentes de agua, que cada vez son más escasas.
“Los ríos se están secando. En mi niñez había abundante agua, ahora apenas llega por las tuberías. Estamos al borde de quedarnos sin agua”, advirtió.
También se refirió a la instalación de minas en la zona y la continua deforestación como amenazas crecientes.
A pesar de las dificultades, afirma que no se arrepiente de su lucha. “Doy gracias a Dios todos los días por los avances junto a mis compañeros. La criminalización que enfrentamos no tiene razón, pero seguimos firmes y con la esperanza de que la justicia llegará”, concluyó.
La comunidad espera que las autoridades nacionales tomen cartas en el asunto y que se ponga fin a la criminalización de los defensores del medio ambiente, cuya única “falta” ha sido proteger los bienes comunes.


























