EL PODER BLANCO DE LOS INFLUENCERS

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Los duelos futbolísticos organizados por los ticktokeros hondureños, primero contra sus homólogos salvadoreños y anoche contra sus iguales del Brasil, dejan varias reflexiones por el lleno de los estadios y por el jaloneo que esto está produciendo a la política comunicacional del mundo en general.

El fenómeno de las redes sociales ya lo habíamos visto en el mundo árabe del medio oriente, en Minsk y en Ucrania, donde provocaron golpes de Estado y derrumbe de gobiernos por la vía “pacífica”, así entrecomillado, porque el nivel de violencia verbal es peor que un F15.

En Montenegro, donde ahora está la presidenta de Honduras para recibir un premio Global por su liderazgo femenino, hubo recientemente feroces enfrentamientos entre una visión balcánica que se resiste a su adhesión a Europa y otra facción empujada por la CIA para integrar no sólo la UE sino la OTAN. Y las redes son decisivas.

En estos fenómenos sociales, que son esencialmente políticos y, consecuentemente, electorales, está una mano invisible que mueve la cosa y controla los algoritmos del streaming. Lo que antes era la dictadura de la agenda setting, corazón central del negocio de las noticias y los editoriales, hoy es la dictadura del algoritmo ayudado por robots y granjas robóticas que impulsan códigos, palabras claves y símbolos que masifican una imagen audiovisual y la metalizan.

Los muchachos productores de contenidos, esclavos rentables de YouTube, tiktok y Facebook, principalmente, se han convertido en un ejército visible e invisible en cada país de todo el globo terráqueo. Constituyen una generación de niños, adolescentes y jóvenes que disparan gestos, palabras y ruidos en impresionante coordinación y solidaridad de oficio en todo el territorio planetario. Son una armada global.

Con jugosas factura de sectores privados, públicos y de organizaciones sociales diversas, estos productores en red que reemplazaron a los antiguos medios de comunicación que conocíamos, cobran grande por pequeñas historias, reels, likes, corazones y otras papadas que las generaciones precedentes ni llegamos a comprender.

Unos cobran a los bancos o a los narcos, otros cobran a los Estados, a los partidos o a los candidatos, pero la mayoría son empleados del dios invisible de las redes sociales. Por algo Estados Unidos viene de comprar el 80 por ciento de Tiktok por miles de millones de dólares a China, para ponerlo en control del FBI y la CIA directamente bajo el pretexto de la seguridad nacional.

En San Pedro Sula, un muchacho que saca la lengua hasta el vacío infinito en las diversas aplicaciones telefónicas, viene de llenar el estadio Morazán y el Olímpico. El público que sigue frenético los espectáculos es de calendario joven adulto, y es infantil. No parecería un público necesariamente interesado en la política, se diría más bien que rechazan la política partidaria. Pero los viejos políticos sin respaldo popular andan buitres a la cacería de este fenómeno y de sus protagonistas.

En el primer experimento del joven supremo en el Morazán el mes pasado, Nasralla Salum y su candidato a alcalde de San Pedro Sula intentaron arruinar el espectáculo metiéndose a la cancha, pero el seleccionado tick toquero salvadoreño los paró en seco. Si ustedes se meten en uniformes sobre la grama nos vamos de aquí. Y la peste los amenazó por esta posición de dignidad.

En el partido de ayer no hubo resistencia. El desprestigiado alcalde de San Pedro Sula, acudiendo a un truco sentimental de marido compungido por su mujer, manipuló el alma buena del estadio y con micrófono en mano puso al público a aullar por una de las acusadas en la estafa contra la muni sampedrana y a gritar contra el familión, sin dejar claro si eso era contra el familión Contreras o el familión de los 25 grupos económicos exonerados que el año próximo quitarán a Honduras 90 mil millones de lempiras con esos regímenes de privilegiados.

Estamos frente a un fenómeno mediático que deja boquiabiertas a las mayorías, porque ni la selección de fútbol llena los estadios como estos muchachos que sacan la lengua larga, que ahora son políticamente inocentes, pero que en manos perversas del control de masas se pueden convertir en un factor desestabilizante, propagadores del lenguaje de odio o de las ideas extremas del neofascismo acechante, auténticos guerreros del caos.

En los días por venir podríamos estar en Honduras frente a un debate que ya condujo a incendios en Nepal por prohibir el abuso de las redes con lenguaje odiante y mentiroso, auténticas maquilas de fake news; este será sin duda un debate entre la libertad de expresión y la línea roja de la tolerancia.

Ojalá que los manipuladores de oficio, los visibles y los invisibles, transparenten sus negocios y aprendan de un joven que se entrevistó con el diputado Fabricio Sandoval recientemente. A mí no me paga Banco Atlántida ni Banco Ficohsa, le dijo, a mí me paga Youtube y Tiktok.

Así como la industria del cuerpo vende las fantasías del dedo gordo en Onlyfans, en las plataformas de Google se están vendiendo candidatos a la carta. Y sería bueno para ese momento estar mejor informados. Ocupémonos de este tema. De hecho, dos de los temas que comunicaron desde Montenegro los periodistas que acompañan a la presidenta serán tratados precisamente por la Red Global de Mujeres, el poder blando y los fundamentos éticos de los futuros digitales.

Derechos humanos, política digital y futuro de la democracia, para todo un debate. Lo seguiremos. Buenas noches.