En 1823, Estados Unidos sacó el garrote de su doctrina Monroe para expulsar a los europeos de las Américas. En 2025 la doctrina comercial y militar del pato Donald hace lo mismo para expulsar a China de los puertos y a Rusia de los yacimientos de las Américas.
El garrote es el portaaviones, el submarino nuclear, el arancel ilegal y el narco. Con estas herramientas violentas, el imperio ha impuesto un títere sacado del fraude en Honduras, un gobierno encargado del protectorado petrolero en Venezuela, un desastre social en Argentina, Ecuador y Perú, y una guillotina arrogante para cortar la garganta a Cuba.
Esa nueva doctrina disfrazada de seguridad nacional parte de la apropiación del hemisferio occidental como patio frontal en la guerra comercial contra China y Rusia, pero también esa doctrina parte de la enorme soberbia de Trump que busca interceptar igualmente a esas dos potencias en el mediano oriente, imponiendo sus pistolas en Gaza y sus acorazados en el estrecho de Ormuz.
En un artículo reciente publicado en Aporrea, medio digital del sur, bajo la firma de Luis Enrique Gavazut, encontramos varias pistas que orientan la comprensión de la estrategia imperial limitada por las resistencias internas en Estados Unidos y los avances vertiginosos de China, particularmente.
Afirma el profesor Gavazut que si en las próximas horas Trump autoriza un ataque contra Irán para desatar una guerra prolongada en la región del golfo Pérsico y del mar Arábigo no será para detener el enriquecimiento de uranio ni para achatar los misiles persas destinados a Israel, será para detener el comercio en el Estrecho de Ormuz. Y eso afectaría directamente a China, India y Rusia, que comercian a través de este estrecho.
Un poder dictatorial en manos de Trump para hacer la guerra en esa región del mundo le permitiría igualmente suspender las elecciones de término medio, previstas para noviembre de este año, en forma indefinida si quiere mientras dure el «estado de guerra» contra Irán.
Agrega el académico venezolano de la Universidad Internacional de Comunicación que en este juego de pacificador y guerrero, el jefe de Asfura salva el pellejo de su situación política y judicial interna en Estados Unidos, impulsa al alza los precios del petróleo, ralentiza a corto plazo el avance de China al afectar sus suministros energéticos a través del estrecho y le obliga a depender mucho más del petróleo y gas de Rusia y de Estados Unidos (incluyendo el petróleo venezolano que podrá comprar a precios de mercado, perdiendo la ventaja competitiva que tenía al comprar con descuento antes del secuestro de Nicolás Maduro).
En la estrategia de Trump, según este artículo aparecido en Aporrea, la industria petrolera estadounidense se levantaría, obteniendo ganancias extraordinarias y el nivel de precios internacionales subirá mientras dura la guerra (y la reconstrucción de las instalaciones petroleras que destruyan a Irán) potenciarán la inversión petrolera venezolana a gran escala bajo control directo de Estados Unidos.
En esta mirada de Trump, Venezuela sería la sustituta histórica de Arabia Saudita como primer productor mundial de petróleo y el nuevo sostén del petrodólar, con un esquema de control político similar al saudita (gobierno consolidado por la influencia de Estados Unidos y convertido en aliado geoestratégico y geopolítico).
O sea, la guerra contra Irán no puede ser rápida, masiva y de destrucción total, porque Estados Unidos necesita que se prolongue lo suficiente y que su impacto no sea tal que induzca una recesión mundial severa, lo que realmente interesaría es prolongar los efectos de la guerra sobre la producción y logística petrolera de Oriente Medio, principalmente los suministros directos a China. Esto se logra bien sea prolongando la guerra, o bien sea destruyendo infraestructuras petroleras cruciales para los suministros de China desde Irán.
En este juego geopolítico, Estados Unidos se convertiría en el controlador del negocio mundial del petróleo, confirmando a Trump como un comerciante movido por el enriquecimiento sin límites, sin importar su avanzada edad, llenándose los bolsillos con miles de millones de dólares adicionales producto de sus pactos con los empresarios petroleros de Estados Unidos y de otros países.
Concluye el profesor Luis Enrique Gavazut que una estrategia como la presentada es viable, compatible con los acontecimientos recientes y muy al estilo del hombre de Mar a Lago. Sin embargo, la historia nunca está escrita hasta que se escribe.
Esa conclusión, diríamos nosotros, significa que algo puede salir mal en el camino, como esa decisión de ayer en el poder judicial estadounidense invalidando el poder presidencial para imponer aranceles globales permanentes, o esa otra decisión legislativa que dejó sin presupuesto al terrorífico ICE, el brazo racista de la secretaria Kristi Noem.
Nos hace pensar, todo esto que venimos escuchando, en nuestra propia realidad aquí en Honduras donde los fraudulentos del 30 de noviembre, que asaltaron el poder el 27 de enero de este año, siguen a pie juntilla las instrucciones de Washington y Miami, sin importarles las consecuencias sobre la gente.
Esta semana precisamente, los jefes militares del continente fueron citados al Comando Sur para recibir instrucciones dentro de la estrategia del trumpismo continental; es decir, líneas para reprimir las opciones contrarias al modelo narco-capitalista en cada país y tutelar con los fusiles la falsa democracia de los mercados amenazados por China y Rusia.
El señor que dirige actualmente las fuerzas armadas de Honduras, el mismo que cuidaba las espaldas del narco condenado por los demócratas y perdonado por los millonarios de la criminalidad organizada, prófugo de la corrupción en Honduras, andaba puntual y rectilíneo esta semana en Washington. ¡A sus órdenes, mi general Valerio!
Los chafas de 34 países de América y Europa fueron citados para analizar los movimientos de “actores externos que socavan la seguridad y la estabilidad” del hemisferio occidental. El puro lenguaje de la antigua guerra fría, que representa vigilancia, secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos para las disidencias sociales y políticas. Esto no es relato, es ya la pura realidad en Honduras.
Ese encuentro de uniformados se produjo en momentos que la armada de Estados Unidos realiza ejercicios militares en el Caribe con presencia permanente de armamentos de guerra para controlar como piratas el petróleo venezolano y amenazar con impunidad a Cuba.
El próximo encuentro para girar instrucciones será el 7 de marzo próximo en Florida, al que asistirán los gobernadores de los países convertidos en protectorados de Estados Unidos en el continente. Milei, Peña, Noboa, Mulino, Abinader, Asfura, Bukele, Arévalo y otros a excepción de Petro, Sheinbaum, Díaz Canel, Ortega y Lula.
Este alineamiento cipayo a la política exterior del fascismo blanco de los millonarios estadounidenses es una tragedia. Para Honduras este nuevo protectorado colonial significa maltrato migrante, encarecimiento de las remesas, altos precios de los combustibles, regreso de la criminalidad organizada al Estado, remilitarización gringa, empoderamiento de elites corruptas y violaciones a derechos humanos.
No podemos callar esta realidad. Nos toca hacerlo, aunque no sea popular. Y lo hacemos para prevenir. Y nos comprometemos sin disfraces a hacer lo que siempre hemos hecho en servicio del país: documentar, denunciar, litigar y movilizar la conciencia colectiva internacional. Sin importar los ciegos que teniendo ojos no ven, los sordos que teniendo orejas no escuchan, los mudos que pudiendo hablar guardan silencio, y los muy cristianos que aún leyendo la Biblia todo el día se atragantan con el Cristo Liberador. Buenas noches.


























