Los teóricos en todos los tiempos anunciaron en su momento las causas de la caída de los imperios, desde siglos antes de la Era Cristiana hasta nuestros días.
No se trata de bolas de cristal que revelan fechas precisas de esos eventos, que implican necesariamente condiciones militares y económicas, pero sobre todo sociales y políticas.
Por ejemplo, el poderoso imperio Fenicio cayó 3 siglos antes de Cristo por la presión persa, el cobro de abultados impuestos que reventaron a sus dos principales ciudades comerciales, Tiro y Sidón.
A esa decisión de estrangulamiento de la población se sumó la llegada de Alejandro Magno, quien desmanteló Tiro y cambió radicalmente la dinámica económica del Mediterráneo.
Curiosamente hoy esa misma región, a la que llegó el diablo herido desde Washington, experimenta una dinámica militar y económica que le machuca la cola al hegemón.
En el año 476 después del nacimiento de Cristo, cayó el Imperio Romano después de un proceso gradual de decadencia cultural y política.
El enorme peso financiero de las fronteras inmensas y lejanas obligó al Estado a devaluar el denario mezclando oro y plata con metales más baratos como el cobre, disparando la inflación en todos los confines.
Las luchas internas, la corrupción administrativa y la voracidad por el control del trono se sumó a la llegada de diversos pueblos migrantes desplazados y marginalizados, que terminaron colapsando Roma.
En 1812 el Imperio Napoleónico de Francia mordió el polvo en Rusia, victima de su ambición militar expansionista y del despertar nacionalista de Europa, que se volvió contra el pequeño hombre del gran caballo.
Como ocurre en el presente al derrotado modelo eurocéntrico, que se creía civilizatorio del mundo entero, pero que fue aplastado por su propia soberbia frente a China, frente a Rusia y frente a su propio amo los Estados Unidos de Trump.
En 2026 el turno es del imperio en América donde las señales evidencian un Estado Fallido cuya élite millonaria – acusada y sentenciada por pedofilia, prostitución y corrupción — busca la zona oscura de la luna y la periferia sur de Marte, para esconder sus lingotes de la tragedia que promueven.
Bezos, Musk, Trump, Branson, Isaacman, y todos los demás del poder oculto estadounidense, creen que a falta del arca de Noé ellos tendrán un cohete para huir de esta tierra que destruyen.
El imperio militar de Estados Unidos está siendo derrotado por la federación rusa en Ucrania y por la Guardia Revolucionaria de Irán en el golfo Pérsico, mientras el Tesoro desde Wall Street asalta mares como pirata robando petróleo, barcos y dinero, atenazando América como cangreja parida.
La de Estados Unidos es una situación insostenible sin empresas competitivas, con los combustibles carísimos y un liderazgo político incompetente, dormilón, rehén del sionismo internacional, sin respaldo popular interno. Y despreciado globalmente por arrogante, golpista, destructor del derecho internacional.
Después del secuestro criminal del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia llegó el pillaje sobre el petróleo venezolano con Chevrón y los marines, que fingen custodiar a Laura Dogu en Caracas.
Luego de aquel secuestro sobre bases espurias el imperio fue a amenazar a Cuba con Rubio el despechado, y ahora intenta apropiarse de Colombia, México y Brasil usando Visa y Master Card.
La elección de los blancos del MAGA en América, en Europa del Este, en el Medio Oriente y en África Central no es casual, tiene el objetivo común de desplazar sin éxito la nueva hegemonía global que controla lentamente, sin ruido, las rutas del comercio, los mercados de valores, las tecnologías numéricas, la navegación del Cosmos y la diplomacia.
Los del MAGA están desesperados ante China y el bloque de los BRICs, por eso son peligrosos. El peso de su deuda pública es simplemente un alarido, llega a 40 billones de dólares este mes, y eso es más del 120% de su riqueza nacional.
Con cinismo salen a pregonar rudeza militar en nombre de la libertad y de la democracia. Dieron un golpe electoral contra Honduras para asegurar la tierra a sus corporaciones e impusieron a Noboa en Ecuador para controlar las rutas del tráfico internacional.
De modo que el discurso de esa élite bravucona que impone gobernadores en Honduras, Ecuador, Bolivia, Argentina, Paraguay, Chile, Costa Rica y Guatemala es su grito desesperado por el oro, el litio, el crudo y la tierra.
Están perdiendo en México, Colombia, Brasil, Cuba y Nicaragua, los grandes países de referencia donde los Salinas, Uribes, Bolsonaros, Rubios, Somozas y otros traficantes no representan los valores ni las tradiciones de Bolívar, Sandino, Morazán, Martí y Zapata.
Ahora la intervención de Trump disparando a favor de Espriella en Colombia, el comodín de Uribe, el otro Asfura de mar a Lago, no podrá contra la determinación de un pueblo bravo que durante 80 años ha combatido con armas y con ideas a los ladrones de su costa, sierra y amazonía. A los carteles de la DEA con JOH de ayudante, como ha denunciado el mismo presidente Petro.
En dos semanas, el domingo 21 de junio, es la segunda vuelta de este intento de golpe electoral que repite con Cerimedo, la cuenta Trust de Trump, la embajada gringa y los carteles criminales, exactamente la misma tragedia de Honduras el 30 de noviembre de 2025 y el 27 de enero de 2026. Horrible.
Trump no pudo en Ucrania, en Hungría, ni en Irán ni en Yemen, ni en Perú ha podido ni en Bolivia está todo dicho con el pueblo en las calles, y si Colombia lo decide tampoco podrán los del imperio decadente, injerencista y derrotado con ese pueblo guerrero de Zepeda.
En la víspera del 11 de junio, fecha del martirio del profesor Tomas Nativi Galvez en 1981, enviamos toda nuestra energía al magisterio nacional que defiende sus derechos frente a un régimen ilegítimo, armado, integrado por delincuentes y un empresariado pirata que intenta apropiarse impunemente de los activos de la empresa de energía eléctrica y robarse la tierra de Honduras para entregarla a las transnacionales gringas.
Que el pueblo se levante y haga sentir en su momento de quién es el territorio, de quién es la libertad y la tierra de nuestros padres y madres. Buenas noches.


























