A 17 años del crimen de Isy Obed Murillo, su madre mantiene viva la esperanza de justicia: “Mis lágrimas no son en vano”

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Tegucigalpa. Han transcurrido 17 años desde el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 y del asesinato de Isy Obed Murillo Mencía, el primer mártir de la resistencia hondureña. Sin embargo, para su madre, Silvia Mencía, el tiempo no ha logrado aliviar la ausencia ni cerrar la herida que dejó la muerte de su hijo. Su voz sigue cargada de dolor, pero también de una firme esperanza de que algún día el Estado responda con justicia.

En un mensaje compartido con el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), organización que acompaña legalmente el caso a petición de la familia, doña Silvia confesó que el sufrimiento permanece intacto desde aquel 5 de julio de 2009.

“Solamente con esos 17 años de dolor, que como ustedes pueden entender, nunca ha pasado. Aquí estoy todavía resistiendo, solo esperando, pidiéndole al Creador que se haga justicia, tarde o temprano, pero que se haga justicia por cada uno de los mártires”, expresó.

Sus palabras van más allá de la memoria de Isy Obed. Hablan también de las decenas de familias que perdieron a un ser querido durante la crisis política que siguió al golpe de Estado y que, como ella, continúan esperando respuestas.

“No solo por Isy Obed, sino por cada uno de los mártires, porque yo también comparto ese dolor con cada una de aquellas madres, de aquellos hijos, de aquellos padres, de aquellos hermanos”.

Con serenidad, pero sin ocultar el peso de los años, reconoció que el llanto se convirtió en parte de su vida.

“Nosotros tenemos que derramar lágrimas por nuestros hijos. En mi caso parece que ya me adapté a estar llorando, pero yo sé que mis lágrimas no son en vano”.

Durante su mensaje también agradeció el acompañamiento que COFADEH ha brindado a su familia a lo largo de estos años, resaltando el apoyo humano y jurídico recibido desde el inicio del proceso.

“Gracias a COFADEH. Yo les agradezco mucho porque ustedes siempre están conmigo. Yo sé que ustedes sienten mi dolor y ustedes lo han vivido conmigo”.

Dirigiéndose especialmente a la coordinadora general, Berta Oliva, y al equipo de la organización, pidió protección para quienes continúan defendiendo los derechos humanos en Honduras.

“Les pido a Dios que las guarde, que les dé fuerza, que les dé esa sabiduría y esa valentía para defender lo que el hombre no quiere defender”.

En otro de los momentos más conmovedores de su mensaje, doña Silvia lamentó que la violencia siga arrebatando vidas en el país por intereses de poder.

“Lo que nos está pasando en Honduras es por falta de amor, por mucha ambición. Matan a los hondureños, matan a los hijos de Honduras por la ambición al dinero y al poder”.

A pesar del dolor que revive cada aniversario, aseguró que recordar es una forma de mantener viva la lucha de quienes ya no están.

“Es necesario abrir estas heridas y dar un paso adelante. No importa lo que pase, pero por nuestros mártires nos enfrentamos a todo lo que nos toque vivir”.

Isy Obed Murillo tenía apenas 19 años cuando fue asesinado el 5 de julio de 2009, durante la represión militar contra miles de personas que esperaban en las inmediaciones del aeropuerto Toncontín el regreso del entonces presidente Manuel Zelaya Rosales, una semana después del golpe de Estado. Un disparo en la cabeza acabó con su vida y convirtió su nombre en símbolo de la resistencia popular hondureña.

Después de más de una década de impunidad, el Ministerio Público presentó requerimiento fiscal contra los generales en condición de retiro Romeo Orlando Vásquez Velásquez, entonces jefe del Estado Mayor Conjunto; Venancio Cervantes Suazo, exsubjefe del Estado Mayor Conjunto; y Carlos Roberto Puerto Fúnez, excomandante del Comando de Operaciones Especiales, acusados por su presunta responsabilidad en el asesinato de Isy Obed Murillo y las graves lesiones sufridas por Alex Roberto Zavala durante la misma represión.

Mientras el proceso judicial continúa avanzando lentamente en los tribunales, Silvia Mencía sigue sosteniendo la misma convicción que la ha acompañado durante estos 17 años: que la justicia puede tardar, pero no debe renunciarse a ella.

Al despedirse, dejó un mensaje que resume la fortaleza con la que ha enfrentado estos años de ausencia.“Un abrazo fuerte… allí estoy, allí está mi corazón con ustedes.