La gestión de Honduras en el nuevo escenario trumpista de la derecha fascista internacional no se ve bien, se ve muy mal; se ve cabal como la gestión del periodista Pete Hegseth en el ministerio de Guerra de Estados Unidos, un desastre.
Ni el Cohep con toda su claridad privatizadora del Estado ni la unión de sangre entre gringos, europeos, liberuchos y cachurecos locales, pueden siquiera retrasar los efectos atroces de la agresión de Israel en vaca con Estados Unidos contra Irán.
Hermanados en la violación del derecho internacional, con total menosprecio por la vida de la gente, esos actores aplican localmente desde febrero hasta la fecha aumentos abusivos a los precios de los combustibles y a los productos de la canasta básica. Y eso seguirá mientras Trump no acepte la derrota militar.
Cargar los vaivenes del mercado a la pobre gente es una medida sangrante, sin corazón, sin reflexión de política económica, a la pura bruta y sin piedad, pero eso es lo más visible de la obra de estos asaltantes del poder bendecidos por los trastornados de Washington.
En términos de seguridad social y seguridad humana, el sentimiento de estos primeros 100 días del consulado de Washington en Tegucigalpa es una calamidad. En todo el territorio de Honduras el reporte es el mismo, dolor, sangre, desilusión, incertidumbre.
Consecuencia de haber robado el poder político con maras y otros grupos violentos del crimen organizado, la Honduras de Trump realiza una redistribución territorial entre esas estructuras de extorsión, secuestro, sicariato, drogas, pedofilia, blanqueo de dinero y desplazamiento forzado. Un nuevo mapa.
En este reacomodo a la vista de todos, la fuerza armada y la policía están ausentes como factores de disuasión o de control de los criminales, como esperando el arribo del capo perdonado en Estados Unidos para seguir sus órdenes.
Digamos que mientras tanto las instituciones uniformadas, por cálculo, dejan hacer y dejan pasar, de modo que en febrero, marzo y abril todos los esfuerzos de contención de los últimos cuatro años fueron pasados a la basura.
Las cárceles volvieron al control de la mara oficial, crecen las muertes violentas de mujeres, los homicidios precedidos de secuestro y torturas aumentan, y el desplazamiento forzado de grupos de familias asentadas en zonas ricas en bosques, biodiversidad, minerales y agua dulce vuelven a caracterizar el país por regiones.
Los departamentos de Olancho, Francisco Morazán, Atlántida, Colón y Yoro encabezan las denuncias en voz baja de las víctimas temerosas de aquellas instituciones que deberían protegerlos. Obsérvese, en voz baja.
En menos de 100 días tenemos más de una decena de personas demandando asilo en el exterior, además del personal técnico y ejecutivo que documentó el crimen electoral de 2025, hay estudiantes ahora, también opositores políticos y liderazgos comunitarios.
Entretanto, los aparatos públicos creados para representar y defender las víctimas del Estado no aparecen, desaparecieron el Comisionado, la secretaría y la fiscalía de derechos humanos. Y los representantes internacionales de la ONU y la Unión Europea, también.
Hay descontento ciudadano no orientado debidamente a la defensa colectiva, hablando en cuchicheo privado, crujiendo los dientes por doquier en salas hospitalarias, en instituciones sin salario, en escuelas, colegios y universidades sin presupuestos. En la calle, en los puestos de baleadas.
El Congreso, sin estudio de nada, ha llegado a la aprobación forzada de un presupuesto nacional sin prioridades para el pueblo, un instrumento para inflar las bolsas de los tiburones, una fuente de conflictividad social que ya produjo víctimas entre los estudiantes.
Alex Medina perdió su ojo izquierdo por un disparo con perdigones durante una emboscada militar y policial ejecutada el martes cuando estudiantes universitarios rechazaban en el centro de Teguz el recorte de fondos obligatorios para la educación superior pública gratuita.
El cónsul Asfura Zablah y sus ministros ex convictos tienen en mano un presupuesto nacional de conflictividad garantizada, aprobado por la Red Pandora y los súbditos de Cálix, el diputado inexistente, y con eso se disponen a borrar la obra de Xiomara Castro en hospitales, carreteras y en la empresa de energía eléctrica.
En ese contexto dañino para las libertades individuales y la vida, como hemos dicho antes, es estruendoso el silencio de las instituciones nacionales de defensa de los derechos humanos, particularmente el comisionado, la secretaría y la fiscalía de derechos humanos.
En el presente, en promedio, de 10 casos de violaciones de derechos ocurridos en Honduras sólo tres son moderadamente documentados y presentados a la instancia competente.
Por eso también esta semana el conocido abogado Joaquín Mejía señaló que el silencio es ensordecedor igualmente del lado del Alto Comisionado de derechos humanos de la ONU, que se instaló en Honduras desde 2015 para investigar, mediar y denunciar, y no para hacerle comparsa en el terreno a quienes financian las Naciones Unidas.
Sin rodeos hay que decirlo aquí, en el último quinquenio el papel de Naciones Unidas en Honduras es percibido como apéndice político de las embajadas de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y de la Unión Europea en general, que se han comportado como avales indiscutibles del desastre electoral impuesto por mujeres sinvergüenzas y hombres delincuentes, culpables del desorden actual.
¡Qué desastre para un país que su población prefiere huir en lugar de acogerse a los mecanismos nacionales de protección, ni siquiera a denunciar por considerar que organismos nacionales e internacionales son parte del problema y no de la solución!
Es obligatorio, entonces, el reencuentro entre los verdaderos defensores del sistema interamericano y universal de derechos humanos con las auténticas comunidades nacionales de defensoras y defensores, lejos de las ONG´s pirañas del Consenso de Washington y de esos tactos excesivos de la diplomacia inútil de la burocracia inter-estatal.
Los días porvenir son bien peligrosos para Honduras, demandan prevención organizada, porque se mueven cosas en un mapa nacional sobre el cual la derecha exige la mano dura de un capo líder, macho alfa de las tinieblas, y un sector buckelista de las oposiciones busca un candidato que no incomode a los gringos y ofrezca a la élite beduina local la seguridad de su perpetua exoneración.
Así la cosa no parece bien, reflexionemos y actuemos antes que otra vez sea tarde. Buenas noches.


























