Estudiantes de UNAH y UNITEC visitan el Museo Contra el Olvido

“La memoria no es pasado: es semilla de justicia”

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Amarateca, Francisco Morazán.- Un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y de la Universidad Tecnológica Centroamericana (UNITEC), participantes de la Escuela de Defensoría 2025 del Programa para el Desarrollo de las Ciencias del Instituto para el Desarrollo de las Ciencias y las Artes (IDCA), visitó el Museo Contra el Olvido, un espacio construido sobre las ruinas del miedo, transformado hoy en símbolo de memoria viva y resistencia.

Los visitantes fueron recibidos por Berta Oliva, coordinadora general del COFADEH, y Berta Elena Nativí, Embajadora de la Memoria, y defensoras de derechos humanos del comité, quienes ofrecieron un testimonio cargado de historia, verdad y dignidad.

Ambos rostros representan generaciones distintas, unidas por un mismo dolor: la desaparición forzada en Honduras.

“Aquí no venimos a sembrar odio, sino a garantizar que nunca más vuelva a repetirse esta historia,” expresó Berta Oliva, con la fuerza que da una vida dedicada a la lucha por los derechos humanos.

La visita no fue una simple actividad académica. Fue un despertar. Lo expresaron los propios estudiantes, al compartir lo que este encuentro con la verdad les provocó y les inspiró.

María José, estudiante de comunicación, lo resumió en una frase poderosa. “La memoria es un acto de resistencia. Como futura periodista, siento que debo contar estas historias para que se conozcan y no se repitan los errores del pasado”.

Desde las ciencias sociales, Karen Martínez reflexionó que “este museo es más que historia. Es un faro de esperanza. Si no entendemos lo que pasó, no podemos cambiar el presente”.

Incluso desde carreras más técnicas, el impacto fue evidente. Luis Alberto Fernández, estudiante de ingeniería, dijo que “yo no estudio historia ni derecho, pero no puedo quedarme callado. Conocer esta realidad me golpeó y me dio claridad sobre mi papel en la defensa de la democracia”.

José Luis Méndez, estudiante de derecho, habló desde la indignación, pero también desde la responsabilidad. “Ver la impunidad cara a cara es duro. Pero me comprometo a usar mi formación para defender a quienes han sido vulnerados”.

Y Andrea Juárez, quien al inicio confesó desconocer gran parte de esta historia, concluyó que “esta visita me cambió. Lo que escuché hoy debería enseñarse en las escuelas. La educación sin memoria está incompleta”.

Un lugar donde la historia aún duele

El Museo Contra el Olvido no es una construcción cualquiera. Se erige sobre un terreno que fue utilizado como centro clandestino de detención y tortura durante la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional en las décadas de 1970 y 1980.

En ese contexto operó el infame escuadrón 3-16, una unidad represiva entrenada por la CIA y otras agencias extranjeras. Fue responsable de desapariciones, torturas y asesinatos selectivos contra estudiantes, sindicalistas, defensores de derechos humanos y personas consideradas “enemigos internos”.

Hoy, ese mismo lugar está lleno de fotografías, objetos, voces y silencios que gritan. Cada rincón honra a las más de 184 víctimas oficialmente registradas como desaparecidas, aunque se estima que el número real es mucho mayor.

La memoria como fuerza vital

Durante su intervención, Berta Oliva compartió la historia del terreno que fue transformado por COFADEH en un espacio para la verdad. Subrayó que el proceso fue doloroso y desafiante, pero necesario.

“Resistimos amenazas, atentados y persecuciones. Pero seguimos de pie, porque sabemos que sin memoria no hay justicia, y sin justicia no hay paz,” afirmó con la misma convicción con la que ha acompañado a cientos de familias a lo largo de más de 40 años.

Una apuesta por la educación transformadora

Esta visita forma parte de un esfuerzo mayor por integrar la memoria histórica y los derechos humanos en los procesos de formación juvenil.

La Escuela de Defensoría del IDCA no solo ofrece herramientas teóricas, sino también experiencias vivas como esta, que siembran conciencia y compromiso.

Porque recordar no es un lujo del pasado, es una urgencia del presente. Y en estos jóvenes que hoy caminan con más preguntas, pero también con más claridad, renace la esperanza de un país con memoria, justicia y dignidad.