Ayer 7 de agosto, por tratarse del primer viernes del mes, el Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos en Honduras, ocupó la Plaza de La Merced para hacer memoria del pasado y opinar del presente, con el derecho que le da la Historia, el dolor y la experiencia.
Para comenzar, el Cofadeh rindió homenaje anticipado a todas las víctimas de la desaparición forzada cuyo legado se reconoce a nivel nacional e internacional el 30 de agosto de cada año.
El Día Internacional de las Víctimas de la Desaparición Forzada y el Día Nacional del Detenido Desaparecido son dos acontecimientos que reviven la lucha cada año y, por supuesto – muy importante esto –, las víctimas nombran a los responsables de siempre: la CIA, el Pentágono, el MOSSAD, el Batallón de la Muerte, el Cohep y la APROH.
En esas siglas – dijo el Cofadeh — no solamente se esconden Henry Kissinger, Oliver North, Ronald Reagan, John Demetrio Negroponte, los sátrapas argentinos e israelíes, sino también los Ferrari, los Vinelli, los Hawit, los Atala, los Facussé, los Hernández. La escoria que reunió el general asesino de la libertad y de la vida. El innombrable portador de La Biblia.
Hoy estamos aquí para no olvidar a esos seres perversos en cuyas manos asesinas cayeron hombres y mujeres que amaban verdaderamente a esta Tierra, cuyo ejemplo y dignidad de hace 46 años orientan la vida de miles de personas. Son nuestros seres queridos, auténticos héroes y heroínas de la Patria.
Así fue hecho el homenaje, con épica y con la convicción de madres, de familias y amistades de aquellos muchachos y muchachas que lo entregaron todo por nuestro presente y futuro.
Enseguida vino lo crítico en el plantón. Nadie puede hablar de heroísmo ante la negligente canciller de Honduras, ante la impresentable representante de los golpistas en la Oficina de Colonias en Washington – eso habla de la OEA en palabras de Fidel –y nadie puede atribuir distinción a los tristes licenciados del litigio en el sistema interamericano donde se debatía la independencia judicial del Estado de Honduras.
Estamos hablando de la audiencia temática motivada por los actos delictivos del señor Donald Trump, los millonarios de Próspera, los criminales indultados y las conspiradoras de 7 millones que pusieron contra el paredón de fusilamiento a varios funcionarios judiciales y electorales, aplicándoles brutamente juicios políticos, despidos arbitrarios y amenazas a muerte.
Muy importante decir que los representantes impostores del Ejecutivo y esa señora siniestra de la trama electoral que fue becada en la OEA para huir de sí misma, no tuvieron siquiera agallas para asistir. Se necesitan argumentos para asistir a una audiencia de la CIDH. Se necesita representatividad y legitimidad.
El Cofadeh estimó que la denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por los funcionarios hondureños afectados va tomado el mismo camino del caso ya sentenciado de los magistrados expulsados en 2012 de la Sala Constitucional. Aquellos sufrieron las presiones de Stone, Brimen y otros CEOs del lobby pirata washingtoniano, junto a los cárteles regionales y al líder de todos, que se hace llamar “el jefe de la manada”.
El fiscal Johel Zelaya, el consejero electoral Marlon Ochoa y el magistrado Mario Morazán se enfrentan a los mismos. Sometidos a una vulgar persecución política que llamaron “juicio”, para castigar su rol independiente y valiente cuando la estrategia criminal internacional era imponer el odio, el prejuicio ideológico y la venganza, sin ley nacional ni derecho internacional. Ellos sí que son víctimas de persecución política. Y no ese zaragate que se anda haciendo el inocente. O el otro lámpara que regresa furtivo de México. O ese ex canciller de la mafia.
En la ya referida audiencia de la CIDH – se informó en el plantón — fue presentado un análisis que refleja la foto actual de la justicia en Honduras: una fragilidad zamarra que vulnera los derechos a las personas defensoras de derechos, a las personas funcionarias independientes, y a la población en general. Un Estado controlado por una banda de forajidos que impone la «justicia» selectiva.
Retomando el texto del planteamiento público de las víctimas de desaparición forzada ayer en el centro histórico de Tegucigalpa, se ejemplariza que la llegada prepotente de Juan Hernández a la Corte Suprema es un presagio. El tipo llegó amenazando a las personas de la Procuraduría que le recordaron su interminable lista de bienes de capital y sus nexos a las dinámicas criminales. Llegó disfrazado de perseguido. El condenado perdonado se hace el inocente cortejando funcionarias para recibir trato de ex dictador y privilegios de operador paralelo de la política. Y divulgando un audio de su propia arenga, pretendiendo hacerse el Pilatos.
Le falta justicia a Honduras y le está sobrando simulación y violencia, concluye el Cofadeh en su planteamiento público del viernes, haciendo referencia a la reciente masacre en Olanchito y al poeta Roberto Sosa que nos advirtió en vida que “la muerte forma parte del paisaje”. Lo cual no debe ser normalizado porque conviene a los criminales. Sea la muerte física o la muerte moral son inadmisibles.
En los párrafos finales del texto divulgado en el plantón de ayer, el Comité de víctimas denuncia que alrededor del principal acusado de Pandora se mueve un grupo de agentes de inseguridad — presumiblemente mercenarios extranjeros –, que se disfrazan de agentes estatales y que representan una amenaza considerando que la señora Ana García le preparó a su marido una lista de personas sobre las cuales dios descargará toda su venganza…
También se denuncia que la infiltración del aparato estatal por el MOSSAD y las agencias federales de Trump avanzan contra las verdaderas fuerzas de oposición social y contra las personas de interés político como el militante y analista internacional Gilberto Ríos, los ex directivos del Congreso Nacional y el general Roosevelt Hernández, entre otros, que han denunciado la conspiración criminal dirigida por los actores de la nueva APROH.
Las reflexiones de los Pañuelos Blancos, como se conoce a las personas sobrevivientes de la represión que se reúnen cada mes en la Plaza La Merced, no podían terminar de otro modo que como empezaron. Directas y sin ambages hacia los responsables de todo esto. Estados Unidos ha utilizado – dice el texto – la peor carroña humana para sus propósitos sucios en Honduras. Y cita a Rosuco, Álvarez, el Zanate, el licenciado, la noche clara, el biónico, la berenjena, el Papi Reymond y el Sisimite del río Grande, entre otros.
Ante ese cuadro nacional, la organización llama al pueblo hondureño a defenderse, a prepararse para los días críticos que están llegando. Y a nombrar, a exclamar y a declarar. Y a no olvidar ni perdonar los hechos y los hechores, sobre todo cuando vuelven como hienas del bosque, del Mamo, de Puebla y de la iglesia haciéndose los blancos santos. En alerta. Buenas noches.


























