EL ESTIÉRCOL SOBRE HONDURAS

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El nuestro, es un país cuya identidad se ha formado a pulso durante diferentes épocas de su historia, muy a pesar de las élites sobalevas de Paris y de Washington.

Esas épocas están bien marcadas antes de la independencia en 1821, después de la reforma liberal en 1900 — eso que no es más que el enclave minero y bananero de azules y colorados –, y estos últimos 46 años a partir de 1980, que representan la bazofia de la criminalidad organizada siempre al lado de la política exterior de las corporaciones gringas.

Antes de 1492 éramos pueblos indígenas cohabitando con poblaciones mestizas – hijas e hijos del maiz –, come chiles y cazadores de chanchos de monte. Ni siquiera nos llamábamos Honduras.

Éramos Higueras, Guaymuras o Caxinas. Éramos lencas, mayas, chibchas, nahuales, miskitos, tawahkas, tolupanes, chorotegas.

En aquellos días se respetaba la Vara Alta, el Consejo de Ancianos y la Compostura. Era nuestro tiempo del Cayanco y el sasal. No existían las baleadas ni los pasteles de perro ni el pollo chuko como vehículos identitarios.

La colonización violenta de los europeos retrató los dos primeros signos de nuestra identidad, el de los valientes defensores de la soberanía territorial autóctona y los traicioneros conservadores que se aliaron con los invasores.

Tres siglos después, los movimientos independentistas regionales volvieron a dibujar nuestro rostro identitario entre los federalistas laicos amantes de la libertad y la unidad, y los republiquetos católicos conservadores hasta el tuétano amantes de los chelines británicos y gringos, y matones de la libertad, partidarios de la división de Centroamérica.

Bueno, después que asesinaron a Morazán llegamos al enclave minero y bananero facilitado por Rosa y Soto, época que impuso el relato brutal de Hiller Rolston, refiriéndose a la identidad política y empresarial hondureña de aquel momento. Vendidos. Se venden, valen el precio de una mula.

En el lenguaje racista, supremacista y opresor de la época no existían las palabras con sentido y con poder. Eran campeños no obreros, eran campesinos no indígenas, eran hombres no existían las mujeres, pero ellos eran intendentes, capataces y ejecutivos de la United, la Chiquita o la Tela. No había elecciones, había selecciones. No eran presidentes, eran dictadores al servicio de la embajada gringa.

En aquellos años no era buena cosa reconocerse indígena, porque los eurocéntricos supremacistas habían impuesto el relato de que no teníamos alma, que éramos salvajes y que debíamos ser civilizados con la espada y con la biblia. Tampoco era buena cosa reconocerse liberal, porque era sinónimo de masón o iluminista enemigo del clero. Era mala idea reconocerse obrero, porque entrañaba la conciencia de clase, y aquello era comunismo.

Visitación Padilla y Froylán Turcios, entre otras mujeres y hombres, pusieron en estos años el rasgo identitario de la dignidad y la defensa de la soberanía patria, legados autóctonos de Cicumba, Lempira, Morazán, y sigue la lista.

Caímos enseguida en la guerra fría de 1980 y otra vez, los hombres y mujeres que rechazamos la ocupación militar gringa, israelita, argentina y europea, los eternos socios del fascismo y del nacismo actuales, y los traidores lamebotas, los sapos, las orejas locales de la muerte.

Roberto Suazo Córdova se peló la panza para explicar la guerra con sus amantes mientras entregaba la patria al batallón de la muerte 3-16, a la DEA, la CIA y a la Mano Blanca asesina, importada de la operación Cóndor.

Aquel tiempo manchó el gentilicio hondureño como sinónimo de país ocupado, portaviones gringo para agredir las insurrecciones populares de Guatemala, El Salvador y Nicaragua. País reino de la desaparición forzada. Desaparecidas por ser profesoras, desaparecidos por ser delegado de la palabra de dios o monja comprometida, por ser estudiante, sindicalista, obrero, campesino, militante, pensante, andante …

Rosuco, Álvarez y Negroponte son demonios de esa época con Papi Reymond y el Mosad. Enseguida vino Callejas, el ladrón con las manos de seda, pajerísimo cachureco labioso que nos robó la moneda, las cooperativas, la Conadi, lo público, hasta que intentó robarle a la FIFA y lo toparon. Jessy Helms lo buscó y no lo pudo agarrar, pero lo toparon, lamentablemente ya nos había vendido como país corrupto en el mundo.

Ay ay, vino luego el golpe del narco latinoamericano en Honduras, que usó a Pepe Lobo como espantapájaros en la presidencia mientras se agazapaba ese hombre alumno de Callejas que encarna la profecía de Pablo Escobar. “Nosotros los narcos vamos a dirigir las democracias de América Latina”.

Utilizado, beneficiado, apresado, extraditado, juzgado, sentenciado, liberado, Juan Orlando Hernández es hoy un agente hemisférico de la conspiración contra los partidos y movimientos de izquierda de Colombia, Brasil, México, Cuba y Centroamérica. Está bajo las órdenes del Maga.

Los millonarios de Próspera, lobistas de guaridas fiscales, constructores de lavanderías de criptomonedas, agencias federales de Estados Unidos y estructuras regionales de la criminalidad organizada, lo tienen de peón al servicio del mal.

HondurasGate llaman a esta barbarie confirmada que retrata a JOH operando como diablo desde la clandestinidad en Estados Unidos al estilo del sionismo brutal que mata para expulsar y colonizar, que infunde terror para controlar. Que masacra, privatiza y destruye. El sionismo que paga la subversión de los delincuentes.

Este estiércol que HondurasGate representa sobre la imagen de nuestro país no puede ser aceptado como el nuevo rasgo identitario de nuestro gentilicio. No solo porque hiede, sino porque es una mierda. Es el 30 de noviembre de 2025, el 27 de enero de 2026, es la M13, es Donald Trump chantajeando a China y a Rusia desde Honduras. Es la cara de los liberales y los cachurecos, el COHEP con sus bancos y sus medios. Es la embajada y sus súbditos europeos. Es su cara embarrada, no la nuestra.

Duele esta Honduras. Por eso esta semana abogados de Colombia con el Cofadeh al lado han denunciado a este demonio mentiroso ante el Ministerio Público, por terrorismo internacional, crímenes de lesa humanidad y exterminio, presentando el caso en México, Argentina, Estados Unidos y ante la Corte Penal Internacional próximamente.

Esperar a que todo lo balbuceado en esos 37 audios de ultratumba se fragüe con el control total de los poderes del Estado, los órganos electorales y la paz nacional mediante el terror genocida, es una actitud irresponsable. Eso no nos representa a los hondureños de aquí ni a los hondureños de allá. No queremos ser parte de esa basura. Por eso ponemos otra vez la vida y la libertad en la primera línea de la defensa de la patria, como ya lo hicieron nuestros próceres. Sigamos, con dignidad y esperanza. Buenas noches.