Casa Quemada, Macuelizo, Santa Bárbara.-Esta mañana trascendió la triste noticia del fallecimiento de María Ester Ruiz Ortega, destacada defensora de los derechos humanos, feminista, campesina, promotora de la justicia social y referente moral para generaciones de jóvenes del occidente de Honduras.
Originaria de la aldea de Casa Quemada, municipio de Macuelizo, Santa Bárbara, y criada desde temprana edad bajo los principios solidarios de la orden religiosa de los Pasionistas, María Ester dedicó su vida entera a acompañar, formar y alentar a quienes el sistema ha marginado.
Con apenas 11 años asumió responsabilidades de madre y, desde entonces, su vida fue un compromiso profundo con los más excluidos, especialmente con las mujeres y juventudes en riesgo social.
En 2005, su incansable labor fue reconocida cuando fue nominada, junto a otras cinco hondureñas, como una de las 1000 mujeres del mundo al Premio Nobel de la Paz, una iniciativa que buscaba visibilizar el trabajo silencioso y vital de mujeres constructoras de paz desde sus territorios.
Durante más de dos décadas, María Ester trabajó desde el corazón de Santa Bárbara con jóvenes marcados por la exclusión, la estigmatización y el abandono estatal. Lo hizo sin recursos institucionales, sin reflectores mediáticos, pero con la convicción inquebrantable de que era posible transformar el miedo en fuerza, y el abandono en organización.
En su momento María Ester recibió en su comunidad, Casa Quemada, a su compañera de nominación al Nobel, la coordinadora general del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), Bertha Oliva, en el marco de un encuentro cultural juvenil, organizado por jóvenes que ella misma formó, motivó y acompañó.
Con música, palabras y sueños, compartieron una jornada que hoy, varios años después de este hecho, sin duda, también es un legado, una semilla sembrada con amor y rebeldía.
Con estas palabras la recordamos “Yo creo que es la oportunidad de sensibilizar a la comunidad, porque ahorita nuestro pueblo está aterrorizado. No es miedo, es terror el que han creado en el pueblo”, expresó con lucidez y firmeza durante un evento. Para ella, la lucha era clara: recuperar la esperanza, defender la dignidad, y construir paz desde abajo.
María Ester fundó en 1998 la Asociación de Mujeres Nueva Esperanza, desde donde abrió caminos de autonomía económica, educación y participación política para decenas de mujeres. En sus palabras, la paz solo era posible si se erradicaba la pobreza, se regeneraba la Madre Tierra y se devolvía el poder de decisión a las comunidades.
Las y los jóvenes de Casa Quemada la reconocen como su mayor respaldo, su única aliada en medio del abandono.
“Aunque digan que está un poco loca por juntarse con rockeros, es la única que nos ha tomado en cuenta”, señalaba en su momento con sonrisa, pero con la valentía de ser una líder nata que luchaba sin prejuicios por los jóvenes de su comunidad.
Su fallecimiento deja un vacío inmenso, pero también un legado sembrado en la conciencia colectiva de quienes la escucharon, la abrazaron y aprendieron a caminar con dignidad a su lado.
EL Cofadeh, a través de su coordinadora genera, Berta Oliva, lamenta la partida física de María Ester y abraza a su familia, amigos y todas las personas que tuvieron el honor de compartir espacio con ella en algún momento de esta vida.
María Ester no se va del todo. Se queda en cada joven que ella puso su huella y sembró esperanza y que decide resistir. Se queda en cada mujer que inspiro a levantarse. Se queda en cada rincón donde florece la esperanza.
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