El mundial de fútbol ha comenzado esta semana en México, Canadá y Estados Unidos. Ha iniciado bien para las corporaciones publicitarias, las empresas de seguridad israelí y para los gobiernos mediocres que usan las drogas del circo para distraer a sus pueblos.
No olvidamos, porque no nos da la gana, que en 1978 mientras el crack Mario Alberto Kempez hacía rugir las masas en los estadios mundialistas de Argentina, los sátrapas Videla, Masera y Acosti descuartizaban en las picanas a miles de opositores políticos cuyos gritos era imposible escuchar.
La Mano Blanca junto al Mossad y la CIA ejecutaban para entonces la Operación Cóndor que desapareció en las Américas a más de 90 mil hombres y mujeres comprometidos con el cambio social y político de este continente.
A la época el fútbol se lo comía todo, así lo cantó Gieco en su extraordinaria poesía de la Memoria, recordándonos que el peligro igualmente nos acecha hoy. Distraerse puede costar caro, es lo que necesitan las hienas para robarle el cuero de su presa al león.
En Colombia, país clave de América Latina, hay elecciones de segunda vuelta el próximo domingo. Los narcos, los Uribe, los Hernández y los Trumpistas, acechan como aves carroñeras ese proceso de paz y de guerra que lleva más de 80 años produciendo víctimas.
En Cuba, el monigote del imperio que viene de perder la guerra contra Irán y que pierde también la negociación política con la milenaria civilización persa, pretende sacarse el clavo de esa derrota secuestrando a Díaz Canel como hizo con Maduro, para atraer como niño la atención de China y de la federación rusa.
El Trumpismo está a 4 meses de las elecciones legislativas intermedias que podrían cambiar la correlación interna en Estados Unidos, generando nuevas condiciones para un desequilibrio político en esa sociedad vigilada por la Humanidad entera.
Desde Florida, Hernández Alvarado – el prófugo de la justicia hondureña, el personaje siniestro del Hondurasgate –, la operación política-militar del sionismo internacional que maniobra el régimen de Trump en Honduras, ese señor está en plena campaña de lavado de imagen pública para esconder su rol subversivo contra el pueblo hondureño.
A través de Asfura, Zambrano, Facussé, el Cohep, la embajada de Estados Unidos, el FBI, algunas embajadas europeas bien identificadas y grupos fácticos, la subversión de Hernández ya ha producido algunas decisiones favorables a los pagadores de su perdón en Washington y contrarias a los intereses nacionales.
La aprobación de la Ley que llaman “Protección del Sector Agroindustrial” no es más que la reedición de La «Carta Rolston», el pliego de instrucciones redactado en julio de 1920 por Hiller V. Rolston, para proteger los intereses de la Cuyamel Fruit Company y la United Fruit Company.
En junio de 2026 es lo mismo decir la Estándar, la Texaco, la corporación Dinant, el grupo Agrolíbano, Jeremar, Próspera, Indura, AB InBev, entre otras siglas protegidas del Cohep, financiadoras del golpe de 2009, avales del continuismo criminal de 2014, 2017 y protagonistas de la operación mafiosa del 30 de noviembre de 2025.
La nueva Ley Agroindustrial, similar a la impuesta por las corporaciones gringas en Bolivia, ya está generando un nuevo disturbio en la propiedad de la tierra y de los territorios ancestrales en el país, asociando compañías privadas de seguridad, policía militar, ejército, grupos criminales paralelos, tribunales y cortes.
Uno de los detalles macabros más evidentes de esa ley es que fue aprobada una semana después de la horrible masacre campesina en Rigores, que creó una atmósfera de conflictividad favorable a los propósitos de la mafia internacional que controla el Congreso y la casa presidencial donde sobra un gobernador y falta un gobierno nacional.
Sin duda esa ley paga una parte del lobby millonario que financió a los “lanas de siete zuelas” en Washington y Miami para poner a Hernández Alvarado al frente de una operación supranacional, que les devuelva seguridades sobre la tierra del enclave bananero y minero de 1903, suplantando por zoom al espantapájaros del Papi y al pandoro de Nacaome.
A sangre y fuego, como lo dice el criminal en sus audios, buscan ahora la destrucción de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, como lo dice amablemente el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos en Tegucigalpa.
O mucho mejor como lo dijo la diputada Nidia Castillo, de Libre: ese mamarracho fue aprobado en una sesión express no agendada por los diputados del partido nacional y por cinco liberuchos, teniendo toda la bancada Libre en contra.
La aplicación de ese instrumento del injerencismo externo criminaliza sin contemplaciones las luchas de defensa agraria y las luchas de defensa territorial de los indígenas, llámese campamentos, tomas, plantones, bloqueos o paros regionales, lo que significa en suma violación de la libertad de expresión del pueblo organizado de Honduras.
En otro santiamén, sin lobby feminista evidente, sin cabildeo público de las organizaciones de mujeres, el Congreso de Zambrano aprobó reformas que aumentan las penas a quienes ejerzan violencia contra las mujeres.
Sin cuestionar ni sancionar las bases de la violencia patriarcal de género, los diputados elevaron a 30 años de prisión la pena por el delito de femicidio y a 40 años por el delito de femicidio agravado, con posibilidad de alcanzar hasta 60 años.
En un país donde funcionara la independencia de poderes y, sobre todo, donde la investigación técnica científica estuviera en manos de fiscales y policías de investigación criminal certificados, diríamos urrrraaaahhhh a esta determinación legislativa.
Lamentablemente en nuestro medio, las muertes violentas de mujeres – sea en el ámbito familiar o en el espacio público – están marcadas por el factor dominante de género, la culpabilización eclesial y mediática, y la alteración adrede de las escenas del crimen. En esta primera mitad de 2026, 112 mujeres han sido asesinadas en Honduras y la pregunta ¿dónde están los femicidas? no tiene respuesta.
Ante el silencio brutal de la impunidad, esa extraña acción del congrezo de Zambrano genera esencialmente dudas. El abordaje de las violencias sistémicas contras las mujeres es un asunto demasiado serio en Honduras como para ser dirigido por los violadores.
Saliendo de estos dos asombros que venimos de enumerar – la resurrección de La Carta Rolston y la feminización del Congrezo masculino – entramos en un tercero no menos desconcertante.
Zambrano, obedeciendo al criminal del Hondurasgate, decidió por sus pistolas darle un nuevo protagonismo a la Policía Militar creada durante la dictadura del postgolpe, para que acompañe a la policía preventiva y al FBI en operativos anticrimen en zonas consideradas por ellos como socialmente conflictivas.
Vean y no terminemos como en Chihuahua, México, donde agentes de la embajada gringa metidos en la dinámica criminal terminaron incendiados en operativos supuestamente guiados por las autoridades estatales.
Todavía no se ha sancionado en Honduras el rol de la DEA y de la CIA en la dinámica del tráfico de drogas y tráfico de dinero, está pendiente por ejemplo el caso de Ahuas en La Mosquitia, donde indígenas locales fueron asesinados, y más recientemente el caso de Hernández Alvarado y toda su familia condecorada por luchar contra la cocaína y condenada a la vez por traficarla.
Bueno, aquí lo importante es estar vigilantes. Que el fútbol no se lo coma todo. Y que no estemos desprevenidos cuando esto avance a desmoronarse con el reparto final de la ENEE y de los hospitales públicos. Atentas, atentos, que las cosas siempre cambian, porque nosotros las hacemos cambiar. Sigamos…


























