BARREDORES DE MEMORIA

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En Cuba, Fidel Castro ordenó en vida que nadie levantara una estatua suya en ninguna parte de la isla después de su muerte. Quería permanecer vivo en la resistencia de su pueblo ante el imperio estadounidense y no en una representación de porcelana o de cemento. Y aquel cubano universal tenía razones de sobra para argumentar esa decisión.

Las monarquías, las dictaduras del fascismo, el oscurantismo religioso, los imperios capitalistas, todos impulsados por seres vanidosos y violentos, narcisos genocidas y opresores, han terminado viendo las esculturas de sus machos alfas esparcidas en pedazos.

En Tegucigalpa, en 1997, Europa vio a Salvador Zúniga derribar la representación de Cristóbal Colón en nombre de los pueblos indígenas y tribales de Honduras víctimas de la violencia peninsular a partir de 1492. En el piso del parque Colón el busto estalló en pedazos.

En Canadá, los pueblos Mohawks y los Anishinabeg, empujaron la demolición de las estatuas de Colón, de la Reina Victoria y la Reina Isabel II, y otras figuras coloniales como John Macdonald, que promovieron el racismo contra las primeras naciones del norte de América en complicidad con los católicos y protestantes.

En Estados Unidos ha pasado lo mismo con Jefferson Davis y Robert Lee entre otros muchos esclavistas derribados, mientras en Europa Benito Mussolini, Adolfo Hitler, Francisco Franco, Pedro de Valdivia, Lenin, el rey Leopoldo II, Sadam en Asia, entre otros, volaron en pedazos.

Todas esas estatuas derribadas del espacio público por hacer apología a la esclavitud del pueblo negro africano y del caribe, al racismo de los supremacistas blancos y más recientemente a la criminalidad organizada, fueron considerados actos de resistencia cultural. Acciones de reencuadre simbólico. De justicia política.

Los pueblos han comprendido a través de la historia que no se puede tolerar el culto a la personalidad de semejantes representantes del fascismo disfrazado de civilización occidental, de humanismo religioso, de etnocentrismo y de supremacismo blanco.

Por eso en la resistencia simbólica, los pueblos han creado también íconos alternativos de gran poder como el Ché Guevara, John Lenon, Bob Marley, Mohamed Alí, Nelson Mandela, Malala Yousafzai, Rosa Parks, Rosa Luxemburgo, las Hermanas Mirabal, y muchas más.

En Honduras, Lorenzo Zelaya, Cinchonero, Tomás Nativí, Visitación Padilla, Berta Cácares y una lista larga de hombres y mujeres ejemplares luchadores sociales y políticos están en la memoria colectiva presentes como ejemplos de resistencia social, política y cultural. Son imágenes que inspiran siempre.

Pero el régimen desmemoriado que asaltó el poder en enero de este año por la vía del golpe electoral, dirigido por Donald Trump y la Mara MS-13, está enrachado también contra la memoria. No sólo emite decretos para masacrar trabajadores o para entregar la salud a los privados, también hace decretos para la felicidad de los impunes. Para complacer a la embajada de Estados Unidos, que lo patrocina.

El régimen fusiona y elimina secretarías de Estado no como una medida autónoma de austeridad fiscal ni de eficiencia de la gestión pública, sino como una ordenanza de los trumpistas cristianos ultra guerreristas, matones. Eliminar la Cátedra Morazánica, la materia de derechos humanos y el Museo de la Memoria, comprendidos en la Educación y en los Patrimonios, es una acción bruta de masacre cultural.

Esa es una decisión embustera de gusanos que pretenden bajar a Morazán de su caballo arrebatándole su espada y el Manifiesto de David, para imponernos un decreto de olvido a todos los continuadores de Turcios y de la Chona Padilla, impidiéndonos recordar con Nativí que en las calles está el poder. Pero no será posible.

Como recordaba el filósofo hondureño Matías Funes, los fascistas analfabetas siempre acaban desenfundando sus armas contra la cultura de los pueblos. Y en la pared de su modesta oficina un cuadro ilustraba eso con un chafa y un civilón disparándole literal a la literatura, a la historia, a la memoria. Son tontos, pero existen.

Son un peligro real. Estos fascistas sin escuela son quienes andan borrando los colores de la Bandera Nacional en los monumentos y en los estadios construidos por Xiomara, andan quemando libros para reemplazarlos por camándulas y naftalinas. Son los asesinos de Berta Cáceres borrando su rostro de los murales, de los edificios públicos y del billete conmemorativo de 200 lempiras.

En su lugar, buscan elevar a los altares a Lenir Pérez investigado por el crimen de Juan López, a Juan Hernández incriminado por la muerte de Said Lobo, a Romeo Vásquez imputado por asesinar jóvenes y aceptar pagos de narcos, a los Atala buscados por asesinar a Berta, y a una caterva de infractores de la Biblia, la Constitución y las leyes. A todos esos, Asfura y la Casa Blanca les gestionan impunidad. Creen que estos muertos vivos resucitarán para vencer el comunismo y para habitar las catedrales de Oscar Andrés y las carpas de Roy Santos.

Esos gestores locales del maga son los fraudulentos de las elecciones, unos son incluso pedófilos e incestuosos venidos de la cárcel al puesto ministerial, al Congreso, o como el propio señor impostor de la presidencia que vino de la rapiña municipal capitalina. Pero todos rezan, se transfiguran en oración de impíos aclamando el nombre de Dios en vano.

Frente a esta mascarada horrible ha sido sin embargo genial la actividad realizada esta semana en la librería Paradiso en ocasión del estreno del documental “La Memoria es Resistencia, no se deroga por Decreto”, realizado por Luis Méndez, Axel Chávez y Shari Izaguirre.

La obra audiovisual denuncia la desaparición del Museo Nacional de la Memoria, que estaba ubicado en la antigua Casa Presidencial, una de cuyas salas exhibía los rostros con nombres y pertenencias de personas detenidas-desaparecidas entre 1980 y 1995, y que se había convertido en un espacio de encuentro, de reflexión, de testimonio vivo, de resistencia y esperanza, en pura pedagogía.

Tendremos ahora que correr a recuperar ese patrimonio cultural, a ponerlo a salvo, porque el tropel de los empleados del Trumpismo odiante e iletrado en Tegucigalpa no tiene límites, es calco de su líder pedófilo que dice cualquier barbaridad cada día y hace cualquier tropelía contra los pueblos sin que nadie lo detenga hasta ahora. Hasta ahora.

Luego de esa caracterización de la barbarie inicial del régimen del cohep y la embajada, el documental dio paso a un conversatorio animado por dos mujeres comprometidas con la memoria del pueblo hondureño, Anarela Vélez y Bertha Oliva, justamente en la víspera del Día Nacional de Verdad, Memoria y Justicia, que conmemoramos el próximo martes 24 de marzo.

Entre el público asistente hubo víctimas sobrevivientes de la doctrina de seguridad del pentágono, periodistas de la década gloriosa de lucha popular, escritores aún despiertos, exfuncionarios públicos recientes, profesores e investigadores, jóvenes interesados en la historia reciente de su Patria.

Las ráfagas de memoria que el intercambio hizo surgir iluminaron la noche con fogonazos vivos, como debe ser la recordación con propósito. Rafael Alegría recordó los días de persecución y vigilancia entre 1980 y 1990, la época del cadejo recuperando tierras, días de solidaridad a toda prueba que es obligatorio conservar.

Alegría enumeró los hitos de 1954- la huelga, 1982 el CCOP, 1995 la lucha con don Beto Reina para eliminar las cacerías humanas del ejército, 1997 contra la colonización mental, 2003 contra el TLC de los gringos, 2009 cuando la resistencia social y política tomó las calles por meses y años, y a partir de ahí lo que todos saben del 2017, 2021 y 2025.

Esta noche no basta repetir que esa memoria no puede ser anulada por decisiones administrativas o políticas, porque pertenece a las víctimas, a sus familias y a la sociedad en su conjunto. Es preciso continuar la organización de resistencia contra el olvido y no apartar el lápiz para nombrar siempre a los barredores de la memoria.

El conversatorio en Paradiso y la primera salida a las calles bajo la convocatoria de la FUTH y del Stibys vienen de demostrar que el nervio de la resistencia está activo, entonces hay que seguir por esa vía. Ahora es Cuba en la proximidad doliente, y también nosotros aquí bajo el ataque de los mismos de siempre: el Cohep de hoy es la Aproh del ayer, el partido nacional y liberal con MS-13 en noviembre 25 son los mismos de 1982 con su 3-16 de muerte. Y nosotras las de entonces con ustedes los de siempre aquí estaremos para que la memoria nunca falle. Para que la raíz nunca muera. Sigamos, buenas noches