A 43 años de su desaparición, el legado del padre Guadalupe sigue vigente en Honduras

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Tegucigalpa.- A 43 años de su desaparición, el legado del padre Guadalupe continúa vigente en Honduras, especialmente por las causas que defendió: los derechos humanos, el acceso a la tierra, la reforma agraria, la defensa de los campesinos y el medio ambiente.

El padre Guadalupe, cuyo nombre original era James Carney, nació en Chicago, Estados Unidos, en 1924. Durante su juventud participó como soldado en la Segunda Guerra Mundial. Tras esa experiencia, decidió no volver a utilizar armas ni recurrir a la violencia, ni siquiera en defensa propia.

En 1948 ingresó a la Compañía de Jesús y en 1961 fue ordenado sacerdote. Posteriormente fue enviado a Honduras, donde desarrolló buena parte de su labor pastoral acompañando a comunidades campesinas.

Durante la década de 1970 trabajó en Tocoa, Colón, donde acompañó la organización campesina y las luchas por el acceso a la tierra. Su estrecha identificación con el pueblo hondureño lo llevó a adoptar el nombre de Guadalupe y posteriormente a realizar los trámites para nacionalizarse hondureño.

En 1979 fue capturado y expulsado de Honduras por las autoridades militares. Posteriormente viajó a Nicaragua, donde acompañó como capellán a un grupo de hondureños encabezado por el médico José María Reyes Mata, que pretendía ingresar a Honduras para impulsar una lucha guerrillera.

A pesar de acompañar al grupo, el padre Guadalupe mantuvo su compromiso personal de no utilizar armas.

El 17 de septiembre de 1983, el sacerdote fue capturado por miembros del Ejército hondureño junto a Reyes Mata y otras personas vinculadas a la columna guerrillera. De acuerdo con testimonios y denuncias recogidas posteriormente, habrían sido trasladados a la base militar de El Aguacate, donde presuntamente fueron ejecutados.

El caso del padre Guadalupe y el de sus compañeros se convirtió en uno de los episodios vinculados a las desapariciones forzadas ocurridas en Honduras durante el período de la Doctrina de Seguridad Nacional. El paradero de sus restos continúa sin esclarecerse plenamente.

El sacerdote es recordado por su acompañamiento a comunidades campesinas y empobrecidas y por su defensa de los derechos humanos y de la justicia social.

A 43 años de su desaparición, las causas que abrazó continúan formando parte de los principales desafíos sociales y ambientales de Honduras.